Mecánicamente hay bastante más diferencias que en el apartado estético. Los hay V6 ó V8, con tracción delantera ó trasera, con motores de inyección directa ó indirecta… Aunque son cuatro coches, hay solamente tres motores en juego, ¿por qué?, pues el LaCrosse y el CTS comparten el mismo V6 de 3.6 litros e inyección directa, sólo que en el Buick está afinado para entregar 280 hp mientras que en el Cadillac llega a 306; está claro que la marca “más premium” tiene que ser la bendecida. Con todo, el desempeño dinámico es notable en los dos.
En el LaCrosse se apuesta por la suavidad antes que cualquier otra cosa. Esto quiere decir que el Buick parece rodar sobre asfalto perfecto todo el tiempo y con la cabina más silenciosa no sólo de este grupo, sino del segmento. Mientras, el CTS y su tracción trasera ofrece un comportamiento mucho más orientado no a la deportividad pero sí a más sensaciones frente el volante. La dirección es más precisa y rápida, y la suspensión es la más firme de sus rivales. En cualquier caso, la aceleración de 0 a 100 km/h no llega a los 10 segundos, lo que habla de sus capacidades. Otro factor común es la transmisión automática de seis velocidades, que en el Buick parece algo lenta de reacciones, mientras que en el CTS es algo más “vivaracha”.
En el apartado dinámico, el que brilla es el 300C, ya que es el único con motor V8. Lógicamente su potencia es mucho mayor: 360 caballos que llegan de forma inmediata a las ruedas traseras con el más mínimo toque al acelerador. Estamos de acuerdo que en tiempos de coches verdes este motor pudiera parecer un exceso, pero cuando te bajas después de manejar varios kilómetros, la sonrisa en tu cara te hace olvidar el menor rendimiento de combustible. Es para destacar que el Chrysler pesa exactamente lo mismo que los demás, a pesar de la masa extra del motor. Es un coche obediente, seguro y que gusta de rodar rápido. También es el único con caja automática de sólo cinco velocidades, pero aun así está mejor afinada que la del LaCrosse, por ejemplo. Dinámicamente es el más satisfactorio seguido muy de cerca por el Cadillac y su antes mencionado bien pulido bastidor.
Finalmente está el MKZ, que si bien brilla por el impecable y suntuoso interior, puede defraudar un poco si buscamos alguna sensación en el apartado mecánico. La suspensión es tan blanda como en el LaCrosse, pero ofrece mucho menos retroalimentación de lo que sucede bajo las ruedas; la dirección algo vaga tampoco ayuda. Si bien su V6 de 3.5 litros y 263 hp es tan brioso como el de GM, en el Lincoln se disfrutan los caminos planos y sin curvas; una carretera de montaña no es lo suyo. Es el coche ideal para manejar calmado, sin prisas.