Durante décadas, Cadillac construyó su reputación como uno de los grandes símbolos del lujo estadounidense, pero a finales de los años sesenta la marca estuvo a punto de aventurarse en un territorio completamente desconocido. El resultado fue el Cadillac NART Zagato, un prototipo de aspecto radical que combinaba la ingeniería de General Motors, la visión de un histórico piloto y vendedor de Ferrari y el trabajo de la prestigiosa carrocera italiana Zagato. El proyecto pretendía crear un exótico estadounidense capaz de plantar cara a los deportivos europeos sin renunciar a las nuevas exigencias medioambientales de Estados Unidos.

La historia comenzó con Luigi Chinetti, una figura fundamental para entender cómo Ferrari logró convertirse en una marca deseada por los compradores estadounidenses. Después de una brillante carrera como piloto, con tres victorias en las 24 Horas de Le Mans, Chinetti se convirtió en el primer gran vendedor de Ferrari en Estados Unidos y abrió la primera concesión oficial de la marca en el país en 1949. También impulsó la North American Racing Team (NART), una estructura que utilizó la competición como escaparate para aumentar la popularidad de los deportivos italianos entre los clientes más adinerados.
El escenario cambió radicalmente cuando Estados Unidos endureció sus normativas de emisiones. California introdujo en 1966 sus primeras exigencias sobre gases contaminantes y, dos años después, las nuevas regulaciones federales complicaron enormemente la importación de determinados automóviles extranjeros. Para Chinetti y su hijo, la solución pasaba por crear un gran deportivo estadounidense con la imagen y el estilo de un exótico europeo, capaz de cumplir la legislación local y atraer a los clientes que ya no podían acceder fácilmente a determinados modelos importados.

General Motors aportó buena parte de la base mecánica del proyecto, utilizando elementos procedentes del Cadillac Eldorado de la época, aunque todavía existen dudas sobre el motor exacto instalado. Algunas fuentes apuntan a un enorme V8 de 500 pulgadas cúbicas y 8,1 litros, mientras que otras señalan un propulsor de 472 pulgadas cúbicas y 7,7 litros. La propia documentación del coche llegó a mencionar 400 CV, lo que ha alimentado durante décadas el misterio en torno a su verdadera configuración mecánica.
El diseño rompía por completo con la imagen tradicional de Cadillac. Las ideas iniciales de Coco Chinetti fueron trasladadas a dibujos realizados por un estudiante de arte y posteriormente General Motors creó un modelo a tamaño real en arcilla. El proyecto acabó en manos de Zagato, que construyó una carrocería de aluminio para un extravagante coupé 2+2 con una silueta trasera muy elevada, hasta el punto de que su aspecto terminó ganándole comparaciones poco favorecedoras con una especie de ballena jorobada.
El NART Zagato era, en esencia, una mezcla de piezas procedentes de mundos muy diferentes. El Cadillac aportaba el chasis, el motor, la caja de cambios, la dirección, los frenos de disco en las cuatro ruedas y otros elementos mecánicos, mientras que las ópticas traseras procedían de un Pontiac GTO de 1966 y el diseño exterior llegaba directamente desde Italia. En el habitáculo ofrecía el equipamiento de lujo esperado en un Cadillac, con elevalunas eléctricos, climatización, equipo de radio y otros elementos de confort, además de una configuración de cuatro plazas.
El prototipo estuvo terminado en 1970, pero para entonces el contexto había cambiado. Los retrasos en el desarrollo, las dificultades económicas y la evolución de los planes internos de General Motors acabaron provocando que el fabricante estadounidense abandonase el proyecto. El NART Zagato llegó incluso a contemplar nuevas fases de desarrollo, con una modificación de su peculiar zona trasera y una posible variante con diseño tipo “breadvan”, pero ninguna de esas versiones llegó a materializarse.
La historia del Cadillac NART Zagato representa uno de los experimentos más extraños de la industria del automóvil estadounidense. La idea de unir un gigantesco V8 americano, la experiencia comercial y deportiva de un hombre estrechamente ligado a Ferrari y el diseño artesanal de Zagato podía haber dado lugar a una nueva clase de gran turismo estadounidense. Sin embargo, el proyecto nunca pasó de la fase de prototipo y quedó como una de las creaciones más desconocidas y extravagantes de la historia de Cadillac.

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