El camino del exceso

Si bien la crisis energética tiene a todo Estados Unidos con los “pelos de punta”, déjenme decirles ...
08/09/2008

Javier Fueyo

Cuando uno camina por las noches en Las Vegas Blvd., las luces centellean desde todos los ángulos y se reflejan sobre las perfectas y bien pulidas superficies de los mega deportivos que circulan por ahí. Adquieren otra dimensión, son más “bonitos”, por así decirlo y nada encaja mejor en esas calles (además de las esculturales barbies que se reproducen por montones) que un descapotable a 25 mph.
No es difícil observar un par de Maybach 62, (de más de seis metros de largo, con un impresionante motor de 12 cilindros, 550 HP, un rendimiento de 6 km/l y 380 gr de CO2/km —algo así como las emisiones de más de tres Mini Cooper al mismo tiempo—), llegando a la recepción del hotel con un equipo de seis personas de carteras llenas de dólares para gastar en las mesas de black jack. ¿Acaso importa con cuántos dólares se llena el tanque de ese par de monstruos? ¿Cuál crisis?

No sólo vi los Maybach, sino todas aquellas variaciones posibles de V8 en autos deportivos, grandes, exóticos y sí, uno que merece redefinir el concepto de “autos del deseo”, muchos Ferrari.

Es el precio de la exclusividad. Si bien para el grueso de la población optar por un Fit como el auto del diario en lugar de una Expedition tiene lógica, Las Vegas rompe cualquier esquema y hace una verdadera apología al capitalismo. Nunca antes ha sido mejor defendido el poder que da el dinero en una ciudad en la que lo único que importa es lo grueso de las carteras y los excesos que pueden rayar en el mal gusto. Es increíble, al final, Las Vegas seducen a cualquiera por su majestuosidad, su opulencia y diversión de todo tipo que puede existir a toda hora y a cualquier precio. Nunca he sido un apasionado del juego, pero sí de las luces y de los autos, de la fiesta y la buena comida. A pesar del momento que vivimos, no se siente tan mal que exista un sitio en el que no exista “crisis”, en el que todo es “lindo” y uno puede soñar con “tenerlo todo” en una sola tirada de dados. Mejor aún, Las Vegas permite darnos cuenta que tienes más de lo que te imaginas, sólo que no brilla tanto con las centelleantes luces de los casinos.

Bueno, un Maybach no estaría nada mal.

Cierro con una estrofa de Los Héroes del Silencio, con la canción que titula está columna:
“Camino del exceso,
fuente de saber
un plato de desprecio
ahoga el veneno
mientras dure el dinero”

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