Ford se encuentra en el centro de una nueva disputa entre la industria automovilística estadounidense y la expansión tecnológica de China. El Gobierno de Donald Trump ha cuestionado duramente los vínculos de la compañía con empresas chinas, entre ellos su acuerdo con Geely para producir cinco modelos en la planta valenciana de Almussafes. La Administración estadounidense considera que estas relaciones pueden aumentar la dependencia tecnológica de fabricantes chinos, mientras Ford ha salido públicamente en defensa de su estrategia.
El acuerdo entre Ford y Geely contempla una colaboración para fabricar cinco vehículos híbridos y eléctricos destinados al mercado europeo, con el proyecto previsto para comenzar a operar a partir de 2027 y con producción de los nuevos modelos desde 2028. La operación resulta especialmente relevante para la factoría de Almussafes, que actualmente atraviesa una etapa de menor utilización y que podría recuperar actividad y empleo gracias a esta alianza.
La estructura prevista establece una participación del 66% para Ford y del 34% para Geely, un reparto que la compañía estadounidense utiliza para defender el control del proyecto. Desde Ford también han rechazado afirmaciones procedentes de Washington que, según la marca, contienen errores sobre la naturaleza de sus acuerdos con empresas chinas. La compañía insiste en que mantiene un fuerte compromiso industrial con Estados Unidos y que sus operaciones nacionales permanecen bajo su control.
El secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy, ha expresado una “profunda preocupación” por los vínculos de Ford con compañías chinas como Geely y CATL. Entre los argumentos utilizados por la Administración Trump también aparece la utilización de tecnología licenciada de CATL en una planta de baterías de Ford en Michigan y la decisión de mantener hasta 2030 la producción en China del Lincoln Nautilus destinado al mercado estadounidense.
La polémica llega en un momento especialmente delicado para la industria mundial del automóvil, marcada por la batalla tecnológica entre Estados Unidos y China y por el avance de los fabricantes asiáticos en vehículos eléctricos. Ford, por su parte, ha defendido sus inversiones estadounidenses y ha negado algunas de las acusaciones planteadas por el Gobierno, mientras la presión política sobre las relaciones entre fabricantes occidentales y empresas chinas continúa aumentando.
Para el automóvil europeo, el proyecto tiene además una lectura estratégica: Almussafes podría convertirse en un importante centro de producción de vehículos electrificados desarrollados mediante una colaboración entre una marca estadounidense y un gigante chino. Si los planes avanzan según lo previsto, los cinco modelos podrían proporcionar un nuevo impulso a la fábrica valenciana y reforzar la presencia de tecnología china en Europa, precisamente cuando Washington intenta reducir la dependencia de sus fabricantes respecto a China.