El Ferrari 250 GT SWB (Short Wheelbase) representa el pináculo del diseño de Pininfarina y uno de los mejores deportivos jamás construidos. Bajo su largo capó se esconde un motor V12 Colombo de 3.0 litros que entrega 276 CV a 7.000 rpm. Ligero (960 kg), rápido y visceral, era tan efectivo en carretera como en circuito.
Este coche ganó las 24 Horas de Le Mans en 1960 y 1961, y es considerado una de las mejores berlinettas de competición jamás producidas. Pero más allá de su rendimiento, es su silueta la que lo convierte en leyenda: curvas fluidas, proporciones perfectas y una estética que transmite potencia y elegancia incluso en reposo. Es, sin lugar a dudas, la joya de la corona de Pininfarina.
Antes de su aparición, los deportivos eran meros chasis con ruedas, faros y guardabarros colocados sin demasiada cohesión. El Cisitalia 202 Gran Sport, diseñado por Battista Pinin Farina, revolucionó todo eso con un cuerpo aerodinámico de líneas integradas, faros empotrados y proporciones que fluyen como una escultura.
Este coche no solo impresionó a la crítica, también al mundo del arte: el MoMA de Nueva York lo llamó “escultura en movimiento” y lo incluyó en su colección permanente desde 1972. Mecánicamente, contaba con un chasis tubular, una carrocería de aleación ligera y un pequeño motor de 1.1 litros con 55 CV, suficiente para aquella época. Su influencia se sigue notando hoy en día en la forma de concebir un coche deportivo.
La Ferrari Testarossa es mucho más que un coche: es un símbolo cultural de los años 80. Su diseño firmado por Pininfarina, con esas famosas tomas de aire laterales de cinco lamas y su silueta ancha y baja, sigue siendo uno de los más icónicos de la historia.
Bajo su carrocería se esconde un motor bóxer de 12 cilindros y 4.9 litros que, en su versión más potente (F512 M), alcanzaba los 440 CV y los 315 km/h. El diseño no solo era visualmente impactante, también funcional, ya que permitía una refrigeración eficaz y gran estabilidad a alta velocidad. En el interior, destaca su cambio en “rejilla” y un volante de tres radios que piden a gritos ser conducidos.
El Lancia Aurelia B24 Spider es probablemente una de las creaciones más poéticas de Battista Pinin Farina. Este roadster de líneas fluidas, sin manetas visibles y con una cabina perfectamente centrada, transmite un equilibrio visual impecable. El scoop en el capó y los cuatro faros frontales marcan carácter, mientras que las aletas traseras acentúan su dinamismo.
Bajo su elegante carrocería, esconde un motor V6 de 2.5 litros y 118 CV, acompañado de una caja manual de cuatro marchas. Su comportamiento en carretera es ágil y refinado, perfecto para disfrutarlo en rutas escénicas como la Riviera. Solo se fabricaron 240 unidades, lo que lo convierte en un tesoro exclusivo del diseño italiano.
Antes de que Ferrari adoptase el motor central para sus superdeportivos V12, el 365 GTB/4 Daytona fue el último gran Ferrari con motor delantero. Con un V12 de 4.4 litros y 352 CV, este coche alcanzaba los 280 km/h y aceleraba de 0 a 100 en apenas 6,1 segundos, cifras impresionantes para la época.
Diseñado por Pininfarina con una estética afilada y musculosa, destaca su capó largo, el perfil fastback y una trasera compacta que equilibra el conjunto. Su arquitectura transaxle (motor delantero y caja de cambios en el eje trasero) ofrecía una distribución de pesos casi perfecta, lo que lo convertía en un coche ágil además de veloz. Su herencia en competición, con victorias en Daytona y Le Mans, solo refuerza su estatus de leyenda.
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