El Chevrolet Tahoe es uno de los SUV más conocidos en el mercado estadounidense, con un gran enfoque en la comodidad y la capacidad de carga. Sin embargo, su alto precio de compra inicial y sus elevados costes de combustible y mantenimiento hacen que se deprecie con rapidez. Al ser un modelo de gran tamaño, no resulta tan atractivo en el mercado de ocasión, lo que acentúa aún más la caída de su valor.
El BMW X5 combina lujo, dinamismo y tecnología de primer nivel. Pero en el terreno de la depreciación, no sale tan bien parado. La razón es clara: los elevados costes de mantenimiento, la rapidez con la que BMW introduce nuevas generaciones y la gran oferta de alternativas premium en el mercado hacen que su valor caiga más rápido de lo esperado.
Con su imagen musculosa y capacidades de remolque destacables, el Dodge Durango tiene mucho atractivo para quienes buscan potencia en un SUV. Sin embargo, su menor eficiencia de combustible y la fuerte competencia en el segmento provocan que su valor de segunda mano se desplome a gran velocidad. Aunque ofrece un carácter único, no logra mantener bien su precio con los años.
El Infiniti QX80 es un SUV de lujo que brilla por su interior opulento y prestaciones contundentes. Aun así, sufre una de las depreciaciones más agresivas dentro de su categoría. El elevado precio de entrada y la dura competencia con marcas como Lexus, Mercedes-Benz o Cadillac hacen que, en el mercado de ocasión, su atractivo disminuya con rapidez.
El Audi Q7 es un SUV que destaca por su diseño elegante y su tecnología de vanguardia. Sin embargo, su alto coste inicial, unido al ritmo frenético de actualizaciones tecnológicas en el segmento premium, provocan que su valor caiga más rápido de lo esperado. Los potenciales compradores de segunda mano suelen desconfiar también de los elevados gastos de mantenimiento, lo que acentúa la depreciación.