El Buick Skylark de 1953 fue uno de los grandes iconos del automóvil estadounidense de la posguerra. Bajo su elegante carrocería escondía un motor V8 de 322 pulgadas cúbicas capaz de desarrollar 188 CV, una cifra sobresaliente para la época. Su refinado interior, con tapicería de cuero y acabados de gran calidad, ofrecía un nivel de confort que lo convirtió en uno de los modelos más exclusivos de Buick.
Inspirado en los refinados coupés europeos, el Buick Riviera de 1965 destacó por su espectacular diseño y por su potente motor Nailhead V8 de 401 pulgadas cúbicas y 325 CV. Su comportamiento suave, unido a una suspensión muy confortable y un habitáculo de lujo, hicieron del Riviera uno de los grandes referentes del segmento de los gran turismo estadounidenses.
El Buick GSX demostró que un muscle car también podía ser refinado. Equipado con el legendario motor V8 de 455 pulgadas cúbicas y 360 CV, ofrecía unas prestaciones extraordinarias sin renunciar a un interior cómodo, bien insonorizado y preparado para recorrer largas distancias. Su producción limitada lo ha convertido en una de las piezas más codiciadas por los coleccionistas.
El Buick Grand National rompió todos los esquemas al sustituir los tradicionales V8 por un avanzado motor V6 turboalimentado de 3.8 litros y 245 CV. Su aceleración era capaz de plantar cara a deportivos mucho más potentes, mientras que su suspensión y su confortable habitáculo mantenían intacta la esencia de Buick. Hoy es considerado uno de los grandes clásicos de la década de los ochenta.
El Buick Reatta apostó por una fórmula diferente al combinar una elegante carrocería coupé con un motor V6 de 3.8 litros y un equipamiento tecnológico muy avanzado para principios de los años noventa. Destacaba especialmente por su innovadora pantalla táctil, sus asientos de cuero y un elevado nivel de confort que lo diferenciaban claramente de muchos de sus rivales.
Con el Buick LaCrosse, la marca inició una nueva etapa apostando por un diseño más dinámico sin abandonar el confort tradicional. Disponible con motores V6 y V8, ofrecía una conducción suave, un habitáculo silencioso y una suspensión orientada al bienestar de los ocupantes. Además, incorporó importantes avances en seguridad y equipamiento tecnológico que reforzaron su atractivo.
El Buick Regal GS representó el lado más deportivo de la marca en el siglo XXI. Su motor 2.0 Turbo de 270 CV, unido a una suspensión específica y una dirección más precisa, proporcionaba unas prestaciones muy superiores a las habituales en Buick. Todo ello sin renunciar a materiales de alta calidad, un completo equipamiento tecnológico y el refinamiento que siempre ha caracterizado a la firma estadounidense.
Relacionadas
Audi reune los autos con los que ha ganado en Le Mans
Calentando motores mientras se acercan las famosas 24 horas.