Un Volvo XC90 modificado por el Advanced Technologies Group de Uber protagonizó uno de los accidentes más graves de la historia de la conducción autónoma. El 18 de marzo de 2018, el vehículo atropelló mortalmente a una peatona que cruzaba una carretera en Tempe, Arizona.
La investigación de la National Transportation Safety Board determinó que la conductora de seguridad humana que viajaba en el vehículo estaba mirando un teléfono móvil en los segundos previos al impacto, en lugar de mantener la atención sobre la carretera. El accidente tuvo consecuencias inmediatas para el programa de Uber, que suspendió sus pruebas de vehículos autónomos en Arizona pocos días después. El caso también puso el foco en la importancia de los sistemas destinados a comprobar que el conductor de respaldo permanece atento.
Los Chevrolet Bolt EV utilizados por Cruise también terminaron fuera de las carreteras de California después de una importante intervención de los reguladores. El 24 de octubre de 2023, el Departamento de Vehículos Motorizados de California suspendió con efecto inmediato los permisos de Cruise para realizar pruebas sin conductor y operar vehículos autónomos.
La medida dejó en tierra la flota de robotaxis que la compañía utilizaba en el estado. La decisión demostró hasta qué punto las autoridades pueden intervenir cuando consideran que existen problemas relacionados con la seguridad de un sistema autónomo. Para Cruise, la suspensión supuso un importante revés para un programa que llevaba años desarrollándose y que aspiraba a ampliar progresivamente el uso de robotaxis sin conductor.
Waymo tuvo que realizar una retirada de software que afectó a aproximadamente 1.200 Jaguar I-Pace utilizados como robotaxis autónomos. En mayo de 2025, la compañía detectó una serie de colisiones a baja velocidad con puertas, cadenas y otros objetos similares situados en la vía.
El problema no requería sustituir componentes físicos, ya que la solución consistía en una actualización del software encargado de interpretar el entorno. Este tipo de incidente demuestra que los sistemas autónomos pueden enfrentarse a situaciones aparentemente sencillas para un conductor humano, pero mucho más complejas para los sensores y algoritmos encargados de identificar obstáculos estáticos y decidir cómo reaccionar ante ellos.
Zoox, la división de conducción autónoma de Amazon, realizó en marzo de 2025 una retirada voluntaria que afectó a 258 vehículos autónomos. La compañía detectó que su software podía provocar frenadas de emergencia inesperadas, una situación potencialmente peligrosa para los vehículos que circulaban detrás.
A diferencia de otras intervenciones en las que los reguladores ordenan retirar un vehículo, Zoox decidió actuar voluntariamente para corregir el comportamiento del sistema. La solución se centró en el software de conducción, pero el caso dejó patente uno de los retos de los robotaxis: no basta con evitar obstáculos, también deben ejecutar las maniobras de frenado de una forma previsible para el resto del tráfico.
Los Ford Escape Hybrid modificados por Argo AI desaparecieron de las carreteras cuando la compañía cerró sus operaciones en octubre de 2022. La empresa de conducción autónoma, respaldada por Ford y Volkswagen, había utilizado estos vehículos para desarrollar y probar su tecnología en ciudades como Austin y Miami.
Argo AI puso fin a sus actividades después de registrar pérdidas significativas, en un momento en el que el desarrollo de vehículos completamente autónomos exigía enormes inversiones y todavía estaba lejos de convertirse en un negocio rentable a gran escala. El cierre retiró de las calles una flota que apenas unos meses antes había comenzado a ampliar sus pruebas públicas, mostrando también el enorme desafío financiero que supone desarrollar esta tecnología.
El EasyMile EZ10, un pequeño autobús eléctrico autónomo diseñado para transportar pasajeros, tuvo que ser retirado temporalmente del servicio después de que un pasajero resultara herido en Columbus, Ohio. El incidente ocurrió en febrero de 2020, cuando el vehículo realizó una frenada de emergencia a aproximadamente 7 mph (11 km/h).
El pasajero cayó de su asiento como consecuencia de la maniobra. Posteriormente, la NHTSA ordenó suspender las operaciones con 16 vehículos EasyMile utilizados para transportar pasajeros en distintos estados. El episodio puso de manifiesto un problema particular de los vehículos autónomos destinados al transporte colectivo: una frenada necesaria para evitar un peligro puede generar otro riesgo cuando los pasajeros viajan sentados sin cinturones de seguridad.
El Tesla Model Y formó parte de una de las mayores retiradas relacionadas con un sistema de asistencia a la conducción en Estados Unidos. Tesla llamó a revisión casi dos millones de vehículos equipados con Autopilot para modificar la forma en la que el sistema controla el uso y la atención del conductor.
La medida llegó después de una investigación federal que analizó aproximadamente 1.000 accidentes en los que Autopilot estaba activado. La solución se distribuyó mediante una actualización de software a distancia, sin necesidad de sustituir piezas en los vehículos. Aunque Autopilot está clasificado oficialmente como un sistema de asistencia a la conducción y no como conducción autónoma completa, el caso volvió a poner el foco en la responsabilidad del conductor a la hora de permanecer atento mientras utiliza estas funciones.
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