Espectacular por diseño y prestaciones, con un V10 derivado de la experiencia de BMW en Fórmula 1. Pero ese mismo motor S85 es su mayor problema: fallos en los cojinetes y averías en la transmisión SMG pueden generar reparaciones de miles de euros, acercándose peligrosamente al valor del coche.
Supuso una revolución al abandonar la refrigeración por aire, pero nunca convenció a los puristas. Su gran problema es el rodamiento IMS, que puede provocar fallos catastróficos del motor. Repararlo supera fácilmente los 10.000 €, convirtiendo una ganga en un error caro.
Un Volkswagen de lujo extremo con ingeniería desmedida. El problema es precisamente ese: complejidad total. Cada reparación implica piezas caras y difíciles de conseguir, con facturas que pueden superar con creces el precio de compra actual.
Diseño futurista y lujo británico, pero con una electrónica extremadamente frágil. Sus cuadros digitales pioneros son una pesadilla hoy en día, con fallos constantes y costes de restauración muy elevados.
Prometía lujo y prestaciones accesibles, pero su fiabilidad fue muy pobre. Problemas eléctricos, corrosión y un motor complejo con carburador lo convierten en un coche difícil y caro de mantener hoy.
Elegante y potente, con un V12 impresionante para su época. Sin embargo, sufre de problemas eléctricos constantes, sobrecalentamiento y mantenimiento complejo. Puede convertirse en un gasto continuo difícil de justificar.
Atractivo, dinámico y muy deseado, pero con fallos importantes en bombas de alta presión, turbos y sistemas electrónicos. Su baja fiabilidad lo convierte en una opción arriesgada dentro del mercado de segunda mano.
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