El Ford Sierra RS500 Cosworth de 1987 es uno de los deportivos más especiales de la marca británica. Ford no fabricó directamente esta edición, sino que encargó a Tickford el ensamblaje de los vehículos en sus instalaciones de Bedworth. Su lanzamiento comercial se fijó para el 1 de agosto de 1987, y la producción quedó limitada a 500 unidades, necesarias para homologar las modificaciones destinadas a la competición.
La mayoría salió de fábrica en color negro, mientras que 52 unidades se pintaron de blanco y otras 52 lucieron el característico azul Moonstone. Las mejoras mecánicas incluían un turbocompresor T04 de mayor tamaño, un intercooler más grande y ocho inyectores, aunque solo cuatro funcionaban en carretera. Según la revista Motor Sport, el motor entregaba 224 CV a 6.000 rpm y el precio de lanzamiento era de 19.950 libras esterlinas. Su estrecha relación con las carreras y la producción limitada explican por qué encontrar uno de estos Sierra en buen estado resulta cada vez más complicado.
El Pontiac Turbo Trans Am de 1989, creado para celebrar el vigésimo aniversario del modelo, tuvo un papel protagonista al servir como coche de seguridad de las 500 Millas de Indianápolis. La edición especial se distinguía por una configuración estética exclusiva: todos los ejemplares lucían carrocería blanca, interior de cuero color tostado y llantas doradas con diseño de panal. Según el portal especializado TurboTransAm.com, se fabricaron 1.555 unidades.
Bajo el capó se encontraba un motor V6 de 3,8 litros derivado de Buick, equipado con un turbocompresor Garrett T3 que trabajaba a 16,5 psi de presión. Pontiac declaraba una potencia de 250 CV, una cifra notable para un propulsor de seis cilindros de la época. Las prestaciones también eran sorprendentes: la revista Car and Driver registró una aceleración de 0 a 60 mph —unos 97 km/h— en 4,6 segundos, además de completar el cuarto de milla en 13,4 segundos. Como referencia, el Trans Am GTA con motor V8 de 5,7 litros ofrecía 235 CV ese mismo año. Su combinación de exclusividad y prestaciones lo convierte en una de las versiones más singulares de la saga.
El BMW M3 Sport Evolution de 1990 representa una de las versiones más exclusivas del M3 clásico. BMW fabricó 600 unidades entre enero y marzo de 1990, con modificaciones dirigidas a mejorar su comportamiento dinámico y su rendimiento en circuito. Su motor S14 de cuatro cilindros aumentó la cilindrada hasta los 2.467 centímetros cúbicos y desarrollaba 238 CV a 7.000 rpm.
La aerodinámica también recibió una atención especial. Tanto el alerón trasero como el splitter delantero contaban con tres posiciones ajustables, identificadas como Monza, Normal y Nürburgring. Además, los conductos para refrigerar los frenos ocuparon el lugar de los faros antiniebla. Los compradores podían elegir entre dos colores de carrocería: negro brillante y rojo Misano. En Alemania, su precio de partida alcanzaba los 85.000 marcos, frente a los aproximadamente 68.000 marcos que costaba un M3 convencional. Su producción limitada y sus soluciones inspiradas en la competición lo sitúan entre los BMW clásicos más codiciados.
El Nissan Skyline GT-R NISMO de 1990, perteneciente a la generación R32, nació con un objetivo muy concreto: permitir la homologación del coche de carreras para competir en el Grupo A de la FIA. Para ello, Nissan fabricó únicamente 560 unidades, convirtiéndolo en una variante especialmente rara de uno de los deportivos japoneses más emblemáticos.
Su motor RB26DETT era un seis cilindros en línea biturbo de 2,6 litros, con una potencia oficial anunciada de 276 CV. Sin embargo, algunos especialistas consideran que la cifra real podía situarse por encima de los 300 CV. Las modificaciones de NISMO priorizaban la funcionalidad frente a la apariencia: las turbinas metálicas sustituyeron a las unidades cerámicas más frágiles del modelo estándar, mientras que las aberturas adicionales del paragolpes mejoraban la entrada de aire para la refrigeración. También incorporaba un pequeño alerón tipo ducktail sobre el spoiler principal. Para reducir complejidad y peso, Nissan prescindió del ABS y del limpiaparabrisas trasero. Esta combinación de exclusividad y soluciones técnicas específicas hace que sea una de las versiones más buscadas del Skyline GT-R.
El Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II de 1990 fue desarrollado para cumplir los requisitos de homologación de la competición. Mercedes-Benz fabricó solamente 502 unidades, lo que lo convierte en uno de los modelos más exclusivos de la familia 190 E. Su historia mecánica está vinculada a Cosworth, que participó en el desarrollo del motor de 2,3 litros con doble árbol de levas en cabeza y 16 válvulas, en lugar de las ocho habituales en la configuración anterior.
La evolución posterior aumentó la cilindrada hasta los 2,5 litros. En su versión de calle, el propulsor desarrollaba 235 CV, una cifra que permitió a Mercedes reforzar su rivalidad deportiva con BMW durante los primeros años de la década de 1990. Ambos fabricantes actualizaron sus berlinas y crearon versiones homologadas para carretera con soluciones derivadas de sus programas de competición. El Evolution II destaca por llevar esa filosofía al extremo, con una producción reducida y una mecánica concebida para ofrecer prestaciones muy superiores a las de una berlina convencional.
El Lancia Delta HF Integrale Evoluzione Martini 5 de 1992 nació para celebrar el quinto título consecutivo de constructores de la marca en el Campeonato Mundial de Rally. Lancia produjo únicamente 400 unidades numeradas individualmente, una cifra que refuerza su atractivo entre los aficionados a los coches de competición y las ediciones especiales.
Cada ejemplar partía de la base del Delta HF Integrale Evoluzione, al que se añadían detalles exclusivos inspirados en la imagen de Martini Racing. Las franjas decorativas recorrían ambos laterales de la carrocería y los distintivos de campeón mundial de rally aparecían en la parte trasera. El interior también recibía un tratamiento específico: los asientos Recaro estaban tapizados en Alcantara gris con costuras rojas, a juego con los cinturones de seguridad del mismo color. Más allá de su decoración, esta edición representa un homenaje directo a una de las etapas más exitosas de Lancia en los rallyes, lo que la convierte en una pieza especialmente atractiva para los coleccionistas.
por carretera. Ford fabricó únicamente 107 unidades de esta primera generación, apostando por reducir peso y eliminar elementos de confort para mejorar su comportamiento deportivo.
Su motor V8 Windsor de 5,0 litros desarrollaba 235 CV a 4.600 rpm y 380 Nm de par a 4.000 rpm. Para aligerar el conjunto, Ford retiró aproximadamente 204 kilos de equipamiento y componentes. Desaparecieron el aire acondicionado, los elevalunas eléctricos, el equipo de sonido, el aislamiento acústico, los asientos traseros y los cinturones de seguridad posteriores. La prioridad era ofrecer una base competitiva para los pilotos que quisieran participar en campeonatos de turismos y carreras de producción.
Algunos ejemplares compitieron en la IMSA Firestone Grand Sport Series y en el SCCA World Challenge, mientras que otros terminaron en manos de coleccionistas y nunca llegaron a correr. Su producción extremadamente reducida y su planteamiento radical hacen del Cobra R una de las versiones más difíciles de encontrar de la historia moderna del Mustang.