Antes de que Genesis se convirtiera en una marca de lujo independiente, Hyundai utilizó esta denominación para una berlina grande y sorprendentemente refinada. El Hyundai Genesis ofrecía un habitáculo espacioso, propulsión trasera y la posibilidad de equipar un motor V8, todo ello sin obligar al comprador a entrar en un concesionario tradicional de lujo. El modelo ayudó a demostrar que el confort, la calidad y las prestaciones de una berlina premium también podían proceder de un fabricante conocido principalmente por sus coches asequibles.
El Mazda MX-5 Miata nunca necesitó una enorme potencia ni un emblema exclusivo para conquistar a los conductores. Su bajo peso, dirección precisa y propulsión trasera permiten disfrutar de la conducción incluso a velocidades moderadas. Mazda decidió centrarse en los fundamentos de un buen deportivo y demostró que un coche bien equilibrado puede resultar mucho más satisfactorio que otro con mayor potencia o una marca más prestigiosa.
El Aston Martin Cygnet representa el ejemplo contrario. Aston Martin era conocida por sus elegantes y potentes gran turismos cuando decidió colocar su prestigioso emblema sobre un pequeño automóvil urbano. Aunque el habitáculo recibió materiales y acabados de mayor calidad, el Cygnet mantenía una estrecha relación con el mucho menos exclusivo Toyota iQ y no ofrecía las prestaciones que normalmente se asociaban con la firma británica.
Pocos compradores esperaban que Kia desarrollara un gran turismo de propulsión trasera capaz de plantar cara a las berlinas deportivas europeas. El Kia Stinger GT combinó un potente V6 biturbo, un comportamiento dinámico convincente y una carrocería fastback espaciosa, logrando además ser práctico para el uso diario. Su mayor problema no estaba en sus capacidades, sino en convencer a los compradores de que un Kia podía competir con las marcas premium tradicionales.
El Maserati Ghibli llegó acompañado por uno de los nombres más prestigiosos de la industria italiana, además del característico tridente en la parrilla y un diseño que prometía una experiencia verdaderamente especial. Sin embargo, algunos materiales y controles del habitáculo podían transmitir una sensación menos exclusiva de la esperada en un Maserati. El prestigio de la marca generaba grandes expectativas, pero el resto del automóvil no siempre estaba a la misma altura.
El Chevrolet Corvette C8 demuestra que el prestigio de un emblema no determina las capacidades de un automóvil. Chevrolet es conocida principalmente por sus SUV familiares, pickups y modelos relativamente accesibles, pero el C8 adoptó un motor central y unas prestaciones propias de deportivos mucho más exclusivos. Puede que no lleve un escudo italiano en el capó, pero su rendimiento hace que esa diferencia sea mucho menos importante.
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