Tras el éxito de los vehículos todoterreno surgidos después de la Segunda Guerra Mundial, Willys-Overland intentó atraer a un público más urbano con el Jeepster. Sin embargo, el modelo prescindía de la tracción total que había hecho famosa a la marca y se enfocaba en ofrecer una experiencia más cercana a la de un descapotable de carretera. Los clientes tradicionales de Jeep no lo quisieron, mientras que los compradores convencionales apenas conocieron su existencia debido a una estrategia de marketing poco efectiva.
El Corvair prometía revolucionar el mercado estadounidense gracias a su configuración de motor trasero y a una amplia gama de carrocerías. Sin embargo, su reputación quedó marcada para siempre tras las críticas relacionadas con su suspensión trasera. La publicación del libro Unsafe at Any Speed convirtió al modelo en uno de los coches más controvertidos de los años sesenta y acabó frenando unas ventas que parecían destinadas al éxito.
Aunque fue desarrollado originalmente por NSU, el K70 terminó llegando al mercado con emblemas Volkswagen. Paradójicamente, incorporaba soluciones modernas como motor delantero y refrigeración por agua cuando gran parte de la gama Volkswagen seguía apostando por configuraciones más tradicionales. Su problema fue encontrar un espacio dentro de la propia oferta del fabricante alemán, ya que competía tanto con modelos Volkswagen como con algunos Audi.
El Pinto fue concebido para competir con los compactos europeos y japoneses que ganaban popularidad en Estados Unidos. Sin embargo, la ubicación de su depósito de combustible provocó una enorme controversia debido al riesgo de incendios en impactos traseros. La situación terminó derivando en uno de los retiros masivos más importantes de la historia del automóvil estadounidense.
Tras la crisis energética de 1973, Ford decidió apostar por una interpretación mucho más pequeña y eficiente del Mustang. Construido sobre una plataforma derivada del Pinto y sin motor V8 en su lanzamiento, el Mustang II fue considerado por muchos aficionados una sombra del modelo original. Aunque tuvo cierto éxito comercial, sigue siendo una de las generaciones más criticadas del icónico pony car.
El TR7 apostó por un diseño rompedor con formas angulosas muy características de los años setenta. Sin embargo, los continuos problemas de calidad y fiabilidad hicieron que los compradores perdieran rápidamente la confianza en el modelo. Cuando la marca consiguió solucionar muchos de sus defectos, la reputación del coche ya era prácticamente imposible de recuperar.
El Porsche 924 nació como un proyecto conjunto entre Porsche y Volkswagen, algo que muchos entusiastas nunca terminaron de aceptar. Su motor de origen Audi, su configuración de motor delantero y numerosos componentes compartidos con otras marcas hicieron que algunos lo consideraran un Porsche «menos auténtico». Aun así, con el paso de los años se ha convertido en un clásico cada vez más valorado por los coleccionistas.
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