El Ford Mustang II King Cobra parecía dispuesto a devolverle al Mustang toda la agresividad que su nombre prometía. Su estética estaba cargada de elementos deportivos, pero buena parte de la transformación se quedó precisamente en el apartado visual. El V8 de 5,0 litros apenas desarrollaba 139 CV, mientras que el planteamiento del chasis seguía estando más orientado a la eficiencia que a ofrecer una conducción realmente emocionante. El resultado fue un Mustang con uno de los nombres más intimidantes de la época, pero con unas prestaciones que estaban lejos de hacer honor a la palabra King Cobra.
Pocas combinaciones de palabras sonaban tan prometedoras como Firebird Trans Am Turbo. El problema es que el Pontiac de 1981 no conseguía estar a la altura de semejante denominación. Su V8 de 4,9 litros alcanzaba 200 CV y necesitaba aproximadamente 8,1 segundos para pasar de 0 a 60 mph, cifras que hoy pueden parecer especialmente modestas. Su espectacular diseño seguía siendo uno de sus grandes argumentos, pero el rendimiento no tenía la contundencia que cualquiera podía esperar al ver tres nombres asociados a deportividad y turboalimentación.
Para 1975, Corvette ya era un nombre que prácticamente obligaba a ofrecer prestaciones contundentes. Sin embargo, las restricciones relacionadas con las emisiones habían reducido considerablemente el rendimiento de la generación de aquella época. El V8 de 350 pulgadas cúbicas del modelo básico entregaba solamente 165 CV, mientras que incluso el opcional L82 se quedaba en 205 CV. Para un automóvil que llevaba décadas construyendo una reputación deportiva, aquellas cifras representaban una importante pérdida de carácter frente a los Corvette más rápidos de años anteriores.
Llamar Phoenix a un automóvil ya establece unas expectativas bastante elevadas. El nombre hacía referencia al mítico ave que renace de sus cenizas, pero el Pontiac de 1980 tenía poco que pudiera hacer que un conductor sintiera que estaba volviendo a la vida. Podía equipar un cuatro cilindros de 2,5 litros con solo 90 CV, mientras que el V6 opcional alcanzaba apenas 115 CV. La denominación sugería fuerza y renacimiento, pero ninguno de sus motores conseguía precisamente provocar una descarga de adrenalina.
Pocos nombres de la historia de Ford tienen tanta personalidad como Thunderbird, pero la octava generación no siempre consiguió transmitir esa sensación al volante. El modelo de 1980 podía incorporar un V8 de 4,2 litros que desarrollaba solo 115 CV, una cifra especialmente modesta para un automóvil grande que llevaba un nombre relacionado directamente con el poder del trueno. Su diseño y su presencia seguían teniendo atractivo, pero el rendimiento del motor hacía difícil encontrar demasiado ruido bajo el capó.
El nombre Eldorado siempre ha estado asociado con riqueza, exclusividad y grandeza, por lo que las expectativas alrededor de un Cadillac con ese apellido eran enormes. Sin embargo, el Eldorado de 1981 utilizaba el controvertido V8-6-4 de solamente 140 CV, un motor equipado con una tecnología capaz de desconectar cilindros para funcionar con ocho, seis o cuatro según las necesidades. La idea era avanzada para su época, pero el sistema tuvo problemas de funcionamiento y el resultado final estaba mucho más cerca del confort y la conducción relajada que de las prestaciones que su nombre podía sugerir.
Cuando Chevrolet recuperó las siglas SS para el Monte Carlo en 1983, el mensaje parecía evidente: el fabricante estaba preparado para recuperar parte de la deportividad perdida durante los años anteriores. Su V8 de 5,0 litros de alto rendimiento producía 175 CV y permitía completar el 0-60 mph en unos 8,2 segundos. Para la época no eran cifras desastrosas, pero el problema estaba en las expectativas creadas por las famosas siglas SS. El nombre hacía pensar en algo mucho más rápido de lo que realmente era.
Cougar era un nombre perfecto para un coupé con aspiraciones deportivas, y añadir las siglas XR-7 hacía que el conjunto pareciera todavía más agresivo. Sin embargo, el motor V8 de 5,0 litros estándar producía únicamente 133 CV, una cifra difícil de asociar con un automóvil que presumía de una imagen tan deportiva. Además, sus grandes dimensiones hacían que esas prestaciones resultaran todavía menos impresionantes. El Cougar XR-7 tenía nombre de depredador, pero bajo el capó escondía un rendimiento mucho más tranquilo de lo que su denominación hacía imaginar.
Relacionadas
Precio del Mercedes SLS AMG Black Series 2014
Un superdeportivo de 622 caballos de fuerza que acelera de 0-60 mph en 3.5...