Presentado en 1986, el Acura Integra destacó por ofrecer una combinación poco habitual de fiabilidad, deportividad y precio accesible. Disponible como hatchback o sedán, montaba un motor 1.6 de cuatro cilindros con unos 113 CV, unido a cambio manual de cinco marchas o automático. Ligero y ágil, se convirtió en uno de los compactos más divertidos de su generación.
El AMG Hammer fue un auténtico terremoto en los años 80. Basado en el Mercedes-Benz W124, escondía bajo el capó un V8 artesanal de 5,6 litros con hasta 360 CV. Aceleraba de 0 a 100 km/h en poco más de cinco segundos, redefiniendo para siempre el concepto de berlina de altas prestaciones.
El Aston Martin V8 Zagato fusionó la elegancia británica con el diseño italiano en una producción muy limitada. Su motor V8 de 5,3 litros rondaba los 430 CV, permitiéndole alcanzar 300 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,8 segundos. Hoy es una de las joyas más codiciadas de la marca.
Conocido como Audi 5000 en Norteamérica, el Audi 100 fue clave para posicionar a Audi como marca premium. Su diseño limpio y aerodinámico, obra de Claus Luthe, sentó las bases del lenguaje estético moderno de la marca y destacó por su calidad y confort.
El Audi Quattro cambió para siempre la historia del automóvil deportivo. Producido entre 1983 y 1985, introdujo la tracción total permanente en coches de altas prestaciones. Su motor turbo de cinco cilindros y su sistema de tracción revolucionaron tanto los rallies como los coches de calle.
El BMW M3 original nació en 1986 como coche de homologación para competición. Su motor 2.3 atmosférico de cuatro cilindros, con unos 200 CV, ofrecía un equilibrio perfecto entre potencia y precisión. Para muchos, sigue siendo el M3 más puro jamás fabricado.
El primer BMW M5, lanzado en 1985, llevó el concepto de berlina deportiva a otro nivel. Equipado con un seis cilindros en línea de 3,5 litros y 282 CV, combinaba lujo, espacio y prestaciones, con una velocidad máxima limitada electrónicamente a 250 km/h.
El Buick Grand National GNX fue una anomalía gloriosa en los años 80. Su V6 turbo de 3,8 litros, desarrollado junto a McLaren Performance Technologies, entregaba unos 276 CV y un par brutal. Producido en números muy limitados, se convirtió rápidamente en un objeto de culto.
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