Los Toyota Sequoia fabricados entre 2005 y 2008 estuvieron afectados por problemas de corrosión en el bastidor. El deterioro llegó a tal nivel que Toyota alcanzó un acuerdo de hasta 3.400 millones de dólares relacionado con aproximadamente 1,5 millones de vehículos.
El acuerdo también incluyó determinados Toyota Tacoma y Tundra, por lo que el Sequoia compartió esta enorme factura con las pick-up de la marca. No se trató de una llamada a revisión y Toyota no admitió responsabilidad, pero para los propietarios el problema podía convertir un SUV de larga duración en un vehículo económicamente inviable. En un ejemplar usado, revisar los largueros y el estado real del bastidor puede ser mucho más importante que el kilometraje.
El Ford Escape de primera generación también tuvo problemas relacionados con la corrosión. Cerca de 386.000 unidades de los años 2001 a 2004 fueron objeto de una llamada a revisión debido a que el subchasis podía oxidarse hasta el punto de provocar la separación de un brazo de control.
El problema podía comprometer directamente la dirección y el control del vehículo, transformando una corrosión aparentemente lenta en un riesgo repentino. Los ejemplares procedentes de zonas donde se utiliza mucha sal en las carreteras durante el invierno merecen especial atención. Antes de comprar uno, conviene comprobar el historial de llamadas a revisión y examinar cuidadosamente las zonas próximas a los anclajes de la suspensión delantera.
El Toyota RAV4 de 2006 acumuló numerosas reclamaciones relacionadas con el motor 2AZ-FE. Se registraron 109 quejas ante la NHTSA, con una media de aparición alrededor de los 66.833 kilómetros, según los datos citados.
Los propietarios describieron un consumo de aceite especialmente elevado, con casos extremos en los que el motor podía llegar a gastar un cuarto de galón cada 500 o 600 millas. Toyota llegó a ofrecer una extensión de garantía relacionada con el consumo de aceite, conocida como ZE7, aunque muchos propietarios quedaron fuera de cobertura cuando esta expiró. Un comprador de segunda mano debería revisar el historial de consumo, las reparaciones realizadas y el mantenimiento del nivel de aceite antes de adquirir uno.
El Toyota FJ Cruiser es uno de los todoterreno más reconocibles de la marca, pero su imagen de vehículo resistente no lo libra de determinados problemas. La corrosión del bastidor aparece entre las principales quejas, con especial incidencia en las unidades de 2007.
El uso fuera del asfalto puede agravar la situación, ya que barro, humedad, sal y suciedad pueden permanecer durante mucho tiempo alrededor de las estructuras metálicas. Por eso, cualquier persona interesada en comprar un FJ Cruiser usado debería levantar el vehículo y revisar minuciosamente el bastidor, especialmente si procede de un estado con inviernos duros. Un buen kilometraje no compensa un bastidor gravemente deteriorado.
El Hyundai Santa Fe de 2013 acumuló una combinación especialmente problemática de incidencias. El modelo registró tres llamadas a revisión, más de 600 reclamaciones y una demanda colectiva, con problemas que afectaban tanto al motor como al sistema de dirección.
Entre las incidencias señaladas aparecen consumo de aceite, fallos del motor y un acoplador de dirección que podía deteriorarse. Son averías especialmente relevantes porque afectan a componentes esenciales para la fiabilidad y el control del vehículo. Al comprar una unidad usada, es recomendable consultar el historial asociado al VIN, comprobar que las campañas fueron realizadas y revisar cuidadosamente cualquier antecedente de consumo excesivo de aceite.
El Jeep Grand Cherokee de 2011 acumuló más de 1.600 reclamaciones relacionadas con diferentes problemas. Entre ellos destacaban un alternador que podía sobrecalentarse hasta convertirse en un riesgo de incendio y un relé capaz de provocar el fallo de la bomba de combustible.
Aunque se trata de dos sistemas diferentes, ambos defectos pueden dejar al vehículo fuera de servicio de forma inesperada. Un fallo de alimentación puede provocar que el motor se detenga, mientras que un componente eléctrico sobrecalentado introduce un riesgo mucho más grave. Antes de comprar un Grand Cherokee de esta generación conviene confirmar que las campañas correspondientes fueron completadas y prestar atención a cualquier historial de averías eléctricas o paradas inesperadas.
El Ford Explorer de 2016 registró 14 llamadas a revisión y más de 2.300 reclamaciones, con problemas que afectaban a diferentes sistemas del SUV. Entre ellos aparecían fugas de la bomba de agua dentro del motor, fugas de combustible y escape, además de componentes del acabado que podían desprenderse.
La bomba de agua merece especial atención porque una fuga interna de refrigerante puede terminar provocando una reparación de gran alcance. Las fugas del sistema de escape también representan un problema de seguridad por la posibilidad de que los gases lleguen al habitáculo. Un comprador debería comprobar todas las campañas pendientes y preguntar expresamente si la bomba de agua ya ha sido sustituida.
El Chevrolet Equinox también aparece entre los SUV con problemas mecánicos relevantes. Los datos de propietarios recopilados por Consumer Reports señalan fugas de fluidos suficientemente graves como para requerir la extracción de la transmisión, además de fallos repetidos relacionados con el módulo de control de la carrocería.
Tener que desmontar una transmisión para localizar y reparar una fuga supone una de las operaciones más costosas que puede afrontar un SUV familiar. Además, un módulo de control de carrocería defectuoso puede provocar problemas con las luces, los cierres y otros sistemas eléctricos. Para evitar sorpresas, resulta fundamental solicitar el historial de mantenimiento, comprobar cualquier reparación previa de fugas y probar durante la conducción todos los elementos eléctricos.
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