Subaru decidió convertir su sistema EyeSight en equipamiento de serie en el Forester, en lugar de reservarlo para las versiones superiores. El conjunto emplea dos cámaras situadas detrás del parabrisas para detectar la carretera y gestionar funciones como el control de crucero adaptativo, la frenada previa a una colisión y la alerta de salida de carril. La configuración estereoscópica permite calcular la profundidad y estimar la distancia respecto a otros vehículos sin depender de un radar. Para quien busque un SUV de acceso, esto supone una ventaja importante, ya que la seguridad avanzada no desaparece al elegir el acabado más económico.
El Honda CR-V incorpora Honda Sensing de serie en todas sus versiones, un paquete que reúne frenada para mitigar colisiones, mitigación de salida de la carretera, asistente de mantenimiento de carril y control de crucero adaptativo. El sistema combina información procedente de cámaras y radares para detectar vehículos, obstáculos y marcas de la carretera. De esta manera, elegir una versión inferior no implica renunciar a las principales ayudas electrónicas. La diferencia entre acabados queda así centrada principalmente en elementos como equipamiento interior, llantas o tecnología multimedia, y no en disponer o no de las funciones básicas de asistencia.
Toyota lleva años extendiendo su paquete Safety Sense a buena parte de su gama, y el RAV4 es uno de los modelos que lo ofrece de serie. El conjunto incluye sistema de precolisión, alerta de salida de carril con asistencia de dirección, luces largas automáticas y control de crucero adaptativo basado en radar. Hay que tener en cuenta que Toyota ha ido actualizando esta tecnología con cada generación, por lo que el equipamiento exacto depende del año y la versión del vehículo. En el mercado de ocasión, comprobar qué generación de Safety Sense incorpora cada unidad resulta especialmente importante.
El Mazda CX-5 recurre al paquete i-Activsense, que incorpora de serie la frenada automática de emergencia, mientras que el control del ángulo muerto, la alerta de tráfico trasero y la advertencia de salida de carril también aparecen en posiciones tempranas de la gama. Esto permite que incluso las versiones de acceso cuenten con una dotación de seguridad considerable. Mazda combina además esta tecnología con un chasis que busca ofrecer una conducción más cercana a la de un turismo que a la de un SUV convencional. La seguridad de serie y el tacto de conducción son dos de sus principales argumentos.
Hyundai ha cargado el Santa Fe con una amplia dotación bajo el nombre SmartSense, incluyendo desde las versiones iniciales sistemas como la asistencia para evitar colisiones frontales, el mantenimiento de carril y la alerta de atención del conductor. Se trata de funciones que durante años han estado reservadas en muchos rivales a los acabados superiores. Esta estrategia permite que el SUV familiar ofrezca una elevada cantidad de tecnología de seguridad sin obligar al comprador a subir varios escalones de equipamiento. Es también una de las claves con las que Hyundai ha conseguido competir de tú a tú con fabricantes japoneses de larga tradición.
El Kia Telluride incorpora asistencia para evitar colisiones frontales y tecnología de mantenimiento de carril desde su versión más económica, mientras que el control del ángulo muerto y la alerta de tráfico cruzado trasero se suman en versiones superiores. En un SUV de tres filas, estas ayudas adquieren todavía más importancia debido a sus mayores dimensiones y a los numerosos ángulos muertos que puede generar la carrocería. La instalación de estos sistemas desde el inicio de la gama evita que la seguridad se convierta en una decisión condicionada por el presupuesto. Cámaras y sensores complementan además la visibilidad que los propios espejos no pueden proporcionar.
El Subaru Outback comparte la filosofía del Forester y ofrece EyeSight de serie en toda la gama, incluyendo las versiones orientadas a circular fuera del asfalto. El sistema integra control de crucero adaptativo, frenada previa a una colisión, centrado de carril y advertencia de balanceo, todo ello mediante las cámaras instaladas detrás del parabrisas. Sin embargo, este sistema también exige cierta atención por parte del propietario, ya que la suciedad, el hielo o la nieve sobre el cristal pueden afectar a las cámaras. Después de sustituir el parabrisas, además, es necesario recalibrar el sistema para que vuelva a interpretar correctamente la carretera.
El Toyota Highlander demuestra que un SUV de mayores dimensiones también puede ofrecer una amplia dotación desde el acabado de acceso. El modelo incorpora sistemas de precolisión y seguimiento de carril de serie, además de cámaras y sensores que facilitan las maniobras con una carrocería de tres filas. Toyota integra estas funciones dentro de su conocida familia Safety Sense, extendiendo la misma filosofía utilizada en modelos más pequeños. Para familias que transportan niños, disponer de estas ayudas en todas las versiones significa que la protección adicional no depende de cuánto dinero se pueda gastar en el acabado superior.
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