El Toyota MR2 fue uno de esos deportivos capaces de ofrecer sensaciones de coche exótico sin necesidad de pagar una fortuna. Su configuración con motor central, tracción trasera y dos plazas le proporcionaba un comportamiento especialmente divertido y equilibrado. Estuvo en producción entre 1984 y 2007, convirtiéndose en uno de los modelos más especiales de Toyota. Su desaparición dejó un vacío entre los deportivos compactos y todavía son muchos los aficionados que esperan una posible resurrección.
El Mitsubishi Lancer Evolution nació directamente ligado al programa oficial de rallyes de la marca y convirtió esa experiencia de competición en uno de los deportivos japoneses más respetados. Su combinación de prestaciones, tracción integral y carácter radical conquistó a varias generaciones de conductores. Mitsubishi puso fin a su producción en 2016, pero el Evo continúa siendo un icono entre los aficionados al automóvil de altas prestaciones y especialmente entre quienes crecieron con la cultura del tuning y los rallyes.
El Pontiac Firebird Trans Am consiguió convertirse en un icono mucho más allá del mundo del automóvil gracias a la cultura popular. Su aparición junto a Burt Reynolds en Smokey and the Bandit en 1977 ayudó a convertirlo en una estrella, mientras que su presencia televisiva durante los años 80 reforzó todavía más su imagen. La producción terminó definitivamente en 2002, pero el Trans Am sigue siendo uno de esos muscle cars que muchos aficionados desearían volver a encontrar en los concesionarios.
El Plymouth Barracuda tiene un lugar especial en la historia de los muscle cars estadounidenses porque llegó al mercado antes que el Ford Mustang. Fabricado entre 1964 y 1974, evolucionó hasta convertirse en una máquina de altas prestaciones, con versiones capaces de alcanzar hasta 425 CV. Su combinación de diseño agresivo y potencia lo convirtió en uno de los grandes nombres de su época. Hoy, imaginar un Barracuda moderno basado en aquella filosofía resulta suficiente para despertar la nostalgia de cualquier aficionado.
El Nissan 240SX se convirtió en una pieza fundamental para los aficionados al drift, la preparación y el tuning. Estuvo disponible entre 1989 y 1999 y su popularidad no desapareció cuando dejó de fabricarse. Al contrario, los ejemplares que todavía sobreviven son cada vez más buscados, algo que también se refleja en sus elevados precios en el mercado de segunda mano. Su facilidad para ser preparado y su enorme presencia dentro de la cultura del automóvil deportivo lo mantienen como un modelo muy querido.
El Volkswagen Golf Country llevó la conocida fórmula del compacto alemán a un terreno mucho más peculiar. Producido únicamente entre 1990 y 1991, apostaba por una imagen más robusta y una capacidad para enfrentarse a caminos fuera del asfalto que lo diferenciaba claramente del Golf convencional. Su corta vida comercial hizo que terminara convirtiéndose en una rareza, pero precisamente esa personalidad diferente es la que provoca que muchos aficionados todavía lo recuerden con especial cariño.
El Honda CRX demostró que no hacía falta un motor enorme para disfrutar al volante. Su receta era sencilla: tamaño compacto, bajo peso y comportamiento ágil. Esa combinación lo convirtió en uno de los pequeños deportivos más divertidos de su generación. La producción terminó en 1991, pero el CRX dejó una legión de seguidores que todavía sueñan con una reinterpretación moderna que conserve aquella filosofía de sencillez, ligereza y diversión.
El Lamborghini Miura ocupa un lugar privilegiado en la historia del automóvil. Diseñado por Marcello Gandini, revolucionó el mundo de las altas prestaciones con una configuración y unas proporciones que ayudaron a establecer las bases del superdeportivo moderno. Se produjo entre 1966 y 1973 y hoy es uno de los clásicos más deseados y valiosos para los coleccionistas. Su importancia histórica hace que cualquier aficionado entienda por qué su desaparición definitiva dejó una huella imposible de borrar.
El Lotus Esprit destacó desde el primer momento por un diseño completamente diferente y por su carácter deportivo. Su fama alcanzó una dimensión mundial cuando apareció como un espectacular coche submarino en la película de James Bond The Spy Who Loved Me de 1977. El modelo permaneció en producción hasta 2004, pero desde entonces los aficionados han echado de menos un deportivo Lotus con una personalidad tan reconocible. El Esprit sigue siendo una de las creaciones más memorables de la marca británica.
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