El Hyundai Elantra aparece entre los modelos con mayor número de robos registrados en Estados Unidos. Según los datos proporcionados, durante 2025 se registraron 21.732 robos, una cifra que lo situó en la parte más alta de las estadísticas nacionales.
Su elevada presencia en las carreteras estadounidenses también puede jugar en su contra. Cuantas más unidades existen, mayor es la disponibilidad de vehículos y piezas para los mercados de segunda mano y de componentes usados. Esto puede convertir a un turismo relativamente común en un objetivo más interesante que un modelo mucho más exclusivo.
En determinados años, además, algunos Hyundai y Kia vendidos en Estados Unidos carecieron de inmovilizadores electrónicos, una circunstancia que facilitó una oleada de robos conocida popularmente como el fenómeno «Kia Boyz». El problema afectó especialmente a determinados vehículos fabricados antes de que estas protecciones se generalizaran.
El Honda Accord también figura entre los vehículos con más robos registrados en Estados Unidos. Los datos aportados sitúan al modelo en 17.797 robos durante 2025, una cifra que refleja cómo los vehículos extremadamente populares pueden convertirse en objetivos recurrentes.
La enorme cantidad de Accord que circulan por el país genera una demanda constante de piezas, especialmente para generaciones más antiguas. Para los delincuentes dedicados al robo de vehículos, un modelo común puede resultar atractivo precisamente porque sus componentes tienen un mercado potencial amplio.
Los propietarios de unidades antiguas pueden recurrir además a medidas de seguridad adicionales. Un inmovilizador instalado posteriormente o un bloqueo físico del volante pueden añadir una barrera frente a determinados intentos de robo, especialmente en vehículos que cuentan con sistemas antirrobo menos sofisticados que los modelos actuales.
El Hyundai Sonata completa la presencia de Hyundai entre los modelos con más robos registrados. De acuerdo con los datos proporcionados, alcanzó 17.687 robos durante 2025, prácticamente al mismo nivel que el Honda Accord.
El problema histórico de determinados Hyundai y Kia estuvo relacionado con la ausencia de inmovilizadores electrónicos en algunos años y versiones destinadas al mercado estadounidense. Esta característica permitía que determinados métodos de robo resultaran mucho más sencillos de ejecutar que en vehículos equipados de fábrica con sistemas electrónicos más completos.
La situación se agravó con la difusión de métodos de robo a través de redes sociales. La viralización de estos procedimientos convirtió una vulnerabilidad técnica que inicialmente afectaba a determinados vehículos en un problema mucho más visible para propietarios, aseguradoras y autoridades.
La Ford F-150 demuestra que los ladrones no se concentran únicamente en turismos o modelos deportivos. La pick-up más popular de Estados Unidos registró, según los datos proporcionados, 10.102 robos en 2025, situándose en la séptima posición de esa clasificación.
Su enorme volumen de ventas constituye uno de los factores que explican su presencia en las estadísticas. Millones de F-150 circulan por Estados Unidos y sus componentes, desde piezas de carrocería hasta elementos mecánicos, cuentan con una amplia demanda en el mercado de recambios.
Además, su utilización profesional puede crear situaciones de riesgo. En obras, explotaciones agrícolas o zonas industriales, algunas unidades pueden permanecer sin vigilancia durante periodos cortos o con las puertas desbloqueadas, ofreciendo oportunidades para robos rápidos. El valor de determinados componentes también puede aumentar su atractivo.
El Dodge Challenger ocupa un lugar diferente dentro de esta lista. Mientras que algunos modelos resultan atractivos principalmente por su popularidad, el muscle car estadounidense puede llamar especialmente la atención por sus motores V8 y sus elevadas prestaciones.
Las versiones Hellcat, equipadas con un V8 HEMI sobrealimentado, son especialmente reconocibles por sus niveles de potencia. Esa combinación de prestaciones y componentes de alto valor puede convertir determinadas unidades en objetivos interesantes para grupos dedicados al robo y posterior comercialización de piezas.
El fenómeno también afecta a la imagen del propio automóvil. Un Challenger potente puede resultar atractivo para robos destinados al uso recreativo, pero también puede ser desmontado para aprovechar componentes mecánicos. El motor, la transmisión y otros elementos de las versiones de altas prestaciones pueden tener un valor considerable por separado.
El Dodge Charger comparte buena parte de su atractivo con el Challenger. Sus versiones de altas prestaciones incorporaron algunos de los V8 más potentes de la gama Dodge, incluido el conocido Hellcat sobrealimentado, convirtiéndolo en uno de los grandes representantes de los muscle cars modernos.
Su carrocería de cuatro puertas añade además una característica particular. A diferencia de un coupé deportivo, el Charger puede integrarse visualmente con mayor facilidad entre el tráfico convencional, algo que puede dificultar su identificación inmediata cuando circula lejos de su lugar de origen.
El interés por sus componentes también influye. Los sistemas de propulsión de las versiones más potentes tienen un valor elevado y pueden alimentar un mercado ilegal de piezas. Por ello, la combinación de prestaciones, popularidad y componentes de alto valor puede convertir al Charger en un objetivo especialmente atractivo.
El Chevrolet Camaro también ha experimentado problemas importantes relacionados con el robo. Los datos aportados señalan que los robos del modelo aumentaron más de un 1.000 % en Los Ángeles durante 2024, un incremento extraordinario frente al año anterior.
Un aumento tan concentrado en una ciudad puede estar relacionado con patrones específicos de delincuencia y con la demanda de determinados componentes. Los deportivos de altas prestaciones pueden convertirse en objetivos especialmente interesantes cuando existe un mercado para sus motores, transmisiones, carrocerías y otros elementos.
El Camaro también pertenece a una categoría especialmente reconocible: los coupés estadounidenses de altas prestaciones. Esto lo convierte en un vehículo atractivo tanto para quienes buscan piezas como para delincuentes que buscan automóviles rápidos y relativamente fáciles de mover una vez sustraídos.
El Mercedes-Benz Clase C muestra que las técnicas utilizadas para robar vehículos no siempre dependen de romper una cerradura o manipular físicamente el contacto. En Reino Unido, el modelo llegó a figurar entre los vehículos más robados, y los sistemas de acceso y arranque sin llave han sido objeto de ataques mediante dispositivos de retransmisión de señal.
Estos sistemas funcionan mediante la comunicación inalámbrica entre el vehículo y la llave. En un ataque de tipo relay, los delincuentes intentan ampliar artificialmente el alcance de la señal para hacer creer al coche que la llave se encuentra cerca, aunque realmente esté dentro de una vivienda.
Una de las medidas más sencillas frente a este tipo de ataques consiste en guardar la llave dentro de una funda que bloquee las señales de radio, conocida habitualmente como bolsa o funda Faraday. Un bloqueo físico del volante también puede añadir una segunda barrera de seguridad.
El Kia Sportage forma parte de la oleada de modelos afectados por la conocida vulnerabilidad de determinados Kia y Hyundai vendidos en Estados Unidos. Algunas unidades fabricadas durante los años afectados utilizaban llaves metálicas convencionales sin inmovilizador electrónico, lo que facilitó determinados métodos de robo.
La situación se convirtió en un fenómeno nacional después de que vídeos publicados en redes sociales mostraran procedimientos para aprovechar esta vulnerabilidad. El método se popularizó con el nombre de «Kia Boyz» y provocó un aumento de los robos de determinados modelos de ambas marcas en distintas ciudades estadounidenses.
El problema puso de manifiesto la importancia de los inmovilizadores electrónicos y de las actualizaciones de seguridad. Para los propietarios de vehículos afectados, las actualizaciones proporcionadas por el fabricante, los dispositivos antirrobo adicionales y los bloqueos físicos pueden añadir protección frente a los métodos de robo asociados a esta vulnerabilidad.
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