El 3.0 EcoDiesel V6 de la Ram 1500 llegó a ser una alternativa interesante para quienes buscaban reducir el consumo en carretera sin renunciar a la capacidad de remolque de una pickup. Sin embargo, la mecánica terminó desapareciendo del catálogo, dejando a la 1500 con opciones de gasolina y electrificación mediante sistemas mild-hybrid. Para quienes buscaban el par característico de un diésel en una pickup de media tonelada, la desaparición del EcoDiesel obligó a mirar hacia otros modelos o hacia las gamas superiores.
El Jeep Wrangler EcoDiesel utilizó un V6 turbodiésel de 3,0 litros que aportaba un elevado par a bajas revoluciones, una característica especialmente interesante fuera del asfalto. La mecánica terminó abandonando la gama después de unos pocos años y el Wrangler continuó con motores de gasolina y la variante híbrida enchufable 4xe. La desaparición del diésel cerró así una etapa bastante particular dentro de la historia reciente del todoterreno estadounidense.
El 3.0 EcoDiesel V6 del Jeep Grand Cherokee ofrecía 240 CV y 420 lb-pie de par, convirtiéndose en una alternativa para quienes querían capacidad de remolque sin recurrir a un V8. Su disponibilidad en Estados Unidos terminó después del año modelo 2019 y la nueva generación del Grand Cherokee no recuperó esta opción. Desde entonces, el modelo ha evolucionado hacia motores de gasolina y sistemas electrificados.
El 3.0 Power Stroke V6 convirtió durante un tiempo a la Ford F-150 en una de las pocas pickups de media tonelada estadounidenses con una alternativa diésel. Su desaparición dejó el protagonismo a los EcoBoost de gasolina, al PowerBoost híbrido y al V8 de 5,0 litros. Para los compradores que buscan actualmente una Ford con motor diésel, el salto a la familia Super Duty es prácticamente inevitable.
El Cummins turbodiésel V8 de 5,0 litros de la Nissan Titan XD desarrollaba 310 CV y ofrecía una importante cifra de par para una pickup situada entre las gamas de media y gran capacidad. Nissan eliminó este motor para el año modelo 2020 y nunca presentó un sustituto diésel para la Titan XD. La marca pasó así a depender exclusivamente de la gasolina dentro de esta pickup.
El Chevrolet Cruze Diesel supuso el regreso de un turismo diésel de General Motors al mercado estadounidense después de décadas. Su motor turbodiésel de 1,6 litros estaba pensado para conductores que recorrían muchos kilómetros en carretera y buscaban un consumo reducido. Sin embargo, la desaparición del propio Cruze en Estados Unidos también puso fin a esta mecánica, que no volvió a ocupar un lugar en la gama de turismos de Chevrolet.
El Chevrolet Equinox 1.6 turbodiésel tuvo una trayectoria especialmente corta dentro de la gama estadounidense. El motor estaba dirigido principalmente a quienes realizaban muchos kilómetros y querían aprovechar el menor consumo del diésel frente a los propulsores de gasolina. Finalmente, Chevrolet recuperó una oferta basada exclusivamente en motores de gasolina y dejó de ofrecer un SUV compacto diésel.
El Mazda CX-5 Skyactiv-D fue durante años una de las promesas de la marca para el mercado estadounidense. Cuando finalmente llegó a producción, el motor diésel tuvo una presencia extremadamente breve y posteriormente la gama volvió a centrarse en el motor de gasolina de 2,5 litros. El proyecto Skyactiv-D para Estados Unidos terminó así mucho antes de convertirse en una alternativa habitual dentro del segmento de los SUV compactos.
El Volvo XC90 D5 tiene un significado especial dentro de la historia reciente de la marca: en marzo de 2024 se convirtió en el último automóvil Volvo fabricado con motor diésel. El final de esta mecánica marcó el cierre de una etapa en la que los diésel tuvieron una presencia especialmente importante en Europa. Volvo pasó posteriormente a concentrar su estrategia de propulsión en sistemas híbridos y eléctricos.