Gran sedán deportivo con base Holden y hasta 415 hp, pero nació justo cuando GM quebraba y Pontiac desaparecía. La calidad no fue el problema: el timing sí. Hoy el G8 GXP es objeto de culto.
Sedán familiar con turbo, AWD y dirección en las cuatro ruedas en 1991. Demasiado avanzado y demasiado discreto. Vendió poco, pero anticipó la fórmula que luego haría famoso al Evo.
Un lujo casi Bentley con suspensión neumática y motor W12… con logo VW. Técnicamente brillante, comercialmente incomprendido. No falló el auto, falló el posicionamiento.
Hatchback AWD turbo creado para homologación rally. Rápido y técnico, pero sin marketing. Hoy es raro y caro, un clásico que casi nadie conoció en su momento.
Muscle car disfrazado de sedán de abuelo: V8, tracción trasera y estética sobria. Difícil de explicar en concesionarios, terminó como joya de nicho con culto propio.
Coupé deportivo RWD bien afinado y accesible, pero el público no esperaba performance de Hyundai. Murió sin reemplazo directo, dejando uno de los deportivos usados más subvalorados.
Familiar con V8 supercargado de 556 hp y opción manual. Ridículamente rápido, práctico y carísimo. Vendió poco, pero hoy vale más que cuando era nuevo.
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