El RX-8 prometía sensaciones puras con su diseño agresivo y motor rotativo de altas revoluciones. Sin embargo, su bajo torque limitaba la aceleración real, dejándolo lejos de lo que su estética sugería.
Con líneas de supercar y proporciones impactantes, el Karma parecía un misil. En la práctica, su enfoque híbrido lo convertía en un gran turismo más lento que deportivo.
El nombre Mustang imponía respeto, pero esta versión de la era post-crisis del petróleo sacrificó potencia. Mucha presencia, poca velocidad real.
Elegante y deportivo a la vista, este Audi insinuaba rendimiento. Su motor modesto, en cambio, ofrecía prestaciones bastante limitadas.
Uno de los autos más lindos de Volkswagen, pero también uno de los más lentos. Su estética europea no coincidía con su rendimiento discreto.
Llevar el escudo Porsche generaba expectativas altas, pero las primeras versiones no estuvieron a la altura en performance. Más imagen que velocidad.
Un diseño extremo tipo hot rod que parecía salido de una película. Debajo, un V6 correcto pero lejos de lo que su estética prometía.