Las exportaciones chinas de vehículos eléctricos aumentaron un 120% durante el primer semestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior. El incremento coincide con una fuerte aceleración de las ventas de eléctricos en países como Australia, Brasil, India, Corea del Sur y Vietnam. Según los datos citados de la Agencia Internacional de la Energía, las matriculaciones eléctricas prácticamente se duplicaron entre marzo y junio respecto al mismo periodo de 2025, mientras que Colombia llegó a multiplicarlas aproximadamente por cuatro. La combinación de precios elevados de la gasolina, mayor disponibilidad de modelos eléctricos y una enorme capacidad exportadora está permitiendo a las marcas chinas aprovechar rápidamente el cambio de demanda.
El crecimiento también se refleja en el valor de los vehículos enviados desde China al extranjero. Las exportaciones de coches eléctricos alcanzaron aproximadamente 9.400 millones de dólares en abril de 2026, según datos de las aduanas chinas analizados por Ember. Los fabricantes aumentaron sus envíos hacia Australia, Brasil, el sudeste asiático y África oriental, precisamente algunas de las regiones más sensibles a la subida del coste del combustible. En mayo, China exportó alrededor de 435.000 turismos eléctricos e híbridos enchufables, más del doble que un año antes según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles.
La expansión no se limita a las marcas chinas. La Agencia Internacional de la Energía prevé que los vehículos eléctricos representen aproximadamente el 28% de las ventas mundiales de coches nuevos en 2026, con unos 23 millones de unidades comercializadas durante el año. En 2025, aproximadamente uno de cada cuatro vehículos nuevos vendidos en el mundo ya era eléctrico. El encarecimiento del petróleo provocado por la crisis de Oriente Medio puede acelerar todavía más una transición que ya estaba avanzando antes de la actual perturbación energética.
La industria automovilística china parte de una posición especialmente favorable porque sus fabricantes ya controlan una enorme parte del negocio eléctrico. Según la Agencia Internacional de la Energía, las marcas chinas representan alrededor del 60% de los coches eléctricos vendidos en todo el mundo y mantienen una posición especialmente fuerte en los mercados emergentes. La diferencia con los vehículos de combustión es notable: en esos mismos mercados, los fabricantes chinos representan aproximadamente el 10% de las ventas de coches tradicionales. El coche eléctrico, por tanto, está permitiendo a las compañías chinas entrar en regiones donde todavía no tienen una presencia comparable en el mercado convencional.
La ventaja china no se limita a las exportaciones. Casi la mitad de los coches nuevos vendidos en China fueron eléctricos en 2025 y la previsión para 2026 eleva esa proporción hasta cerca del 60%. Además, China concentró aproximadamente el 70% de la producción mundial de coches eléctricos y más del 80% de la fabricación de celdas de batería en 2025. Su dominio se extiende también a materiales esenciales para fabricar baterías, con cerca del 85% de la producción mundial de material activo de cátodo y más del 90% del material activo de ánodo.
La crisis energética ha adquirido una dimensión especialmente importante por la interrupción del tráfico a través del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del planeta. Por esa vía circulaba anteriormente cerca del 20% del petróleo crudo, productos refinados y gas natural licuado comercializados globalmente. La alteración de ese suministro ha golpeado con especial fuerza a numerosos países asiáticos, muy dependientes de las importaciones energéticas. Con la gasolina y el diésel cada vez más caros, los coches eléctricos pasan de ser únicamente una alternativa medioambiental a convertirse también en una herramienta para reducir la dependencia del petróleo.
Algunos gobiernos de Asia y África ya están utilizando la electrificación como estrategia para reducir el coste de las importaciones de petróleo y aliviar el gasto destinado a subsidios de combustible. Laos suspendió temporalmente en mayo de 2026 la mayoría de las importaciones de vehículos nuevos propulsados por gasolina y diésel, una medida que entró en vigor el 1 de junio y estaba prevista inicialmente hasta finales de año. Etiopía, por su parte, ya había prohibido las importaciones de vehículos nuevos de gasolina y diésel dentro de su estrategia de movilidad eléctrica. La creciente disponibilidad de modelos chinos económicos está facilitando estas políticas y dando a los fabricantes del país asiático una ventaja adicional.
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