El Lotus Evora de 2009 nació con la misión de impulsar de nuevo a Lotus en el mercado de los deportivos. Su propuesta combinaba unas prestaciones sobresalientes, un comportamiento dinámico de primer nivel y un habitáculo que mejoraba notablemente la calidad de los modelos anteriores. Sin embargo, pese a sus virtudes técnicas y a su capacidad para ofrecer una experiencia de conducción emocionante, el Evora nunca consiguió alcanzar un volumen de ventas significativo. Su historia refleja las dificultades de una marca especializada para transformar un gran producto en un éxito comercial.
El McLaren MP4-12C de 2011 representó un hito para la marca británica, tanto por su desarrollo técnico como por el desafío empresarial que suponía entrar en el mercado de los superdeportivos. Incorporaba un monocasco de fibra de carbono y un motor V8 biturbo que ofrecía unas prestaciones extraordinarias, acompañado de una suspensión capaz de combinar un comportamiento deportivo con un confort de marcha sorprendente. Pese a sus importantes avances, no logró imponerse con claridad a su rival contemporáneo de Ferrari. Aun así, sentó las bases de una nueva etapa para McLaren como fabricante de deportivos de altas prestaciones.
El Jaguar F-Type de 2013 llegó con el difícil objetivo de recuperar parte del espíritu deportivo que convirtió al legendario E-Type en un icono del automóvil. Su carrocería de líneas elegantes, sus proporciones musculosas y sus motores de altas prestaciones le permitieron destacar entre los deportivos de su generación. La versión cupé sobresalía especialmente por su diseño, mientras que el comportamiento dinámico no alcanzaba siempre el nivel esperado frente a algunos de sus competidores. Además, tanto el descapotable como el cupé tuvieron dificultades comerciales. El F-Type se consolidó como uno de los deportivos británicos más atractivos de su época, aunque su impacto en ventas fue más limitado de lo esperado.
La carrocería cupé del Jaguar F-Type de 2013 merece una atención especial por la forma en que combinó elegancia británica y proporciones deportivas. Su silueta, con un techo descendente y una zaga compacta, reforzaba la personalidad del modelo y lo convertía en una alternativa llamativa dentro del segmento de los deportivos de lujo. Aunque su diseño transmitía una imagen de gran dinamismo, su comportamiento en curva no siempre alcanzaba la precisión de los rivales más centrados en las prestaciones. La estética fue uno de sus principales argumentos, pero no bastó para garantizar el éxito comercial de la gama.
El Jaguar F-Type de 2013 también representa el reto de reinterpretar un legado histórico sin quedar eclipsado por él. El E-Type había establecido un estándar de diseño y atractivo difícil de igualar, por lo que su sucesor espiritual debía ofrecer una personalidad propia y una experiencia de conducción acorde con las expectativas de los aficionados. El F-Type respondió con una imagen contundente, motores potentes y una gama que incluía carrocerías cupé y descapotable. Sin embargo, sus ventas fueron discretas y su dinámica no resultó tan convincente en todos los aspectos como su apariencia. Su importancia reside en haber mantenido viva la tradición deportiva de Jaguar en una etapa de grandes cambios para la industria.
El Lotus Esprit de 1976 se convirtió en uno de los deportivos británicos más reconocibles gracias a su espectacular diseño en forma de cuña, obra de Giorgetto Giugiaro. Su carrocería de fibra de vidrio se apoyaba sobre un chasis central de acero, una solución que contribuía a definir su arquitectura y su carácter. Bajo el capó utilizaba un motor de cuatro cilindros con doble árbol de levas, que posteriormente incorporó versiones turboalimentadas. Su dirección precisa y su excelente comportamiento dinámico lo situaron entre los referentes de su época, aunque la fiabilidad podía convertirse en un problema. Las últimas versiones V8 tampoco cumplieron todas las expectativas, pero el Esprit conserva un lugar destacado en la historia del diseño automovilístico británico.
El Aston Martin DB11 de 2016 sustituyó al DB9 con una propuesta que mejoraba numerosos aspectos técnicos y de confort, aunque su diseño no alcanzó para todos la misma belleza atemporal de su antecesor. Este gran turismo británico destacó por su excelente estabilidad, una suspensión capaz de absorber las irregularidades del asfalto y un interior acabado con materiales de gran calidad. Su planteamiento priorizaba la combinación de velocidad, refinamiento y comodidad en viajes largos, una fórmula característica de Aston Martin. Aunque la dirección transmitía menos información de la deseada, el DB11 se posicionó entre los grandes turismos de lujo más destacados de su generación, con un equilibrio especialmente logrado entre deportividad y confort.