La tercera generación del Buick Riviera pasó a la historia por su llamativa zaga tipo “boattail”, un diseño que dividió opiniones desde el primer día. Sin embargo, más allá de su estética, ofrecía un potente motor V8, un extraordinario confort en carretera y una calidad de construcción sobresaliente. Con el paso de los años, los coleccionistas han comenzado a valorar su carácter exclusivo y su capacidad para recorrer largas distancias con total comodidad.
El Plymouth Volaré Road Runner llegó cuando la era dorada de los muscle cars ya había terminado, lo que hizo que muchos aficionados lo compararan injustamente con sus legendarios predecesores. Aun así, sus motores V8 disponibles, una suspensión de carácter deportivo y su creciente rareza han permitido que hoy sea considerado un clásico mucho más interesante de lo que se pensaba en su lanzamiento.
El Dodge Magnum XE apareció en una época marcada por la pérdida de potencia en los automóviles estadounidenses, pero consiguió ofrecer una atractiva combinación de confort, estilo y carácter gracias a sus motores V8. Además, su participación en NASCAR reforzó su imagen deportiva, convirtiéndolo con el tiempo en uno de los modelos más infravalorados de la historia de Dodge.
El Buick Reatta fue criticado por priorizar el refinamiento frente a las prestaciones, aunque escondía una fabricación prácticamente artesanal, un completo equipamiento tecnológico y un fiable motor V6. Su producción limitada y un diseño muy personal han provocado que hoy sea una de las piezas más curiosas y buscadas dentro de la historia moderna de Buick.
El Chrysler Conquest TSi compartía gran parte de su desarrollo con el Mitsubishi Starion, incluyendo un eficiente motor turboalimentado, tracción trasera y un excelente comportamiento dinámico. Su agresiva carrocería de pasos de rueda ensanchados y sus prestaciones lo convirtieron en un serio rival dentro de los deportivos de los años ochenta, aunque nunca obtuvo el reconocimiento que realmente merecía.
El Mercury Marauder llegó cuando las grandes berlinas de tracción trasera comenzaban a desaparecer del mercado. Equipado con un potente motor V8, una suspensión específica y un diseño sobrio, ofrecía unas prestaciones sorprendentes sin renunciar al confort. Su producción limitada ha incrementado su valor y hoy es considerado uno de los mejores “sleepers” fabricados por Mercury.
La primera generación del Nissan 300ZX (Z31) quedó a la sombra del posterior Z32 biturbo, aunque siempre destacó por su excelente equilibrio entre prestaciones, fiabilidad y facilidad de uso diario. Disponible con motores V6 atmosféricos y turboalimentados, además de un diseño que ha envejecido con enorme dignidad, representa uno de los capítulos más importantes en la evolución de los deportivos de Nissan.
El Lincoln Mark VII LSC consiguió combinar el refinamiento de un gran coupé de lujo con un comportamiento sorprendentemente deportivo gracias al conocido V8 5.0 de Ford, los frenos de disco en las cuatro ruedas y una avanzada suspensión para su época. Durante años pasó desapercibido frente a rivales más populares, pero actualmente es uno de los clásicos estadounidenses más apreciados por quienes buscan elegancia y rendimiento.
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