El BMW M3 E30 revolucionó el concepto de berlina deportiva al combinar una construcción ligera, un chasis extremadamente preciso y una ingeniería desarrollada para la competición. Creado para homologar su participación en los campeonatos de turismos, demostró un equilibrio excepcional tanto en carretera como en circuito. Su legado sigue vivo en todas las generaciones del BMW M3.
El Nissan 300ZX Twin Turbo sorprendió al mercado con un completo despliegue tecnológico que incluía doble turbocompresor, dirección a las cuatro ruedas y una aerodinámica muy avanzada. Este modelo confirmó que los fabricantes japoneses podían competir de tú a tú con los mejores deportivos europeos y marcó el camino para los futuros gran turismo de altas prestaciones.
El Dodge Viper GTS apostó por una filosofía completamente diferente al priorizar un enorme motor V10, tracción trasera y una mínima intervención de ayudas electrónicas. Su carácter salvaje devolvió el protagonismo al conductor en una época en la que la tecnología comenzaba a dominar los deportivos, convirtiéndose en un referente para los muscle cars y superdeportivos estadounidenses.
Desarrollado en colaboración con Porsche, el Audi RS2 Avant rompió todos los esquemas al demostrar que un familiar podía ofrecer prestaciones propias de un deportivo. Su potente motor turboalimentado, la tracción total quattro y su extraordinaria versatilidad sentaron las bases de la prestigiosa gama Audi RS que continúa triunfando en la actualidad.
El Mitsubishi Lancer Evolution VI trasladó la experiencia del Campeonato del Mundo de Rallyes a un coche de producción gracias a su motor turbo, la sofisticada tracción total y un comportamiento extremadamente eficaz. Su enorme capacidad de tracción y precisión en curva lo convirtieron en uno de los sedanes deportivos más admirados de todos los tiempos.
El Chevrolet Corvette C6 ZR1 demostró que Estados Unidos podía fabricar un coche capaz de enfrentarse a Ferrari, Porsche o Lamborghini. Equipado con el impresionante motor LS9 V8 sobrealimentado, una construcción ligera y un avanzado chasis, elevó el nivel de prestaciones del Corvette y redefinió el potencial de la ingeniería estadounidense.
El Honda NSX revolucionó el segmento al combinar prestaciones de auténtico superdeportivo con una fiabilidad y facilidad de uso inéditas hasta entonces. Su estructura de aluminio y su desarrollo centrado en el conductor influyeron en numerosos fabricantes, hasta el punto de que Ferrari reconoció que el modelo japonés sirvió como referencia para evolucionar sus propios deportivos.
El Mercedes-Benz 190E 2.5-16 Evolution II fue desarrollado para competir en el campeonato alemán DTM, incorporando una aerodinámica radical, una sofisticada suspensión y un motor de cuatro cilindros capaz de girar a altas revoluciones. Su combinación de tecnología de competición y practicidad para el uso diario dejó una huella que todavía hoy sigue presente en los modelos más deportivos de Mercedes-AMG.
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