El Mitsubishi 3000GT VR-4 incorporó una impresionante tecnología para su época, con tracción total, dirección a las cuatro ruedas, doble turbocompresor y aerodinámica activa. Aunque su elevado peso fue objeto de críticas, su capacidad de aceleración y su extraordinario agarre le permitían competir de tú a tú con deportivos mucho más caros. Con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los modelos japoneses más valorados por su sofisticada ingeniería.
El Opel GT conquistó a los aficionados gracias a una carrocería de inspiración exótica, un peso contenido y un comportamiento muy equilibrado. Sus motores no destacaban por su potencia, pero la combinación de un chasis ágil, una dirección precisa y unas excelentes sensaciones al volante demostraba que no siempre hacen falta grandes cifras para disfrutar de un auténtico deportivo.
El Isuzu Impulse RS es uno de los deportivos más infravalorados de la década de los noventa. Equipado con tracción total, un motor turboalimentado y una suspensión desarrollada con la colaboración de Lotus, ofrecía un comportamiento sobresaliente en carreteras reviradas. Su escasa difusión impidió que alcanzara el éxito comercial, aunque hoy es considerado una auténtica pieza de culto.
El Fiat X1/9 demostró que un deportivo no necesita un gran motor para ofrecer emociones intensas. Su arquitectura de motor central, el bajo peso y un reparto de masas muy equilibrado proporcionaban una conducción precisa y extremadamente divertida. En carreteras sinuosas era capaz de sacar partido a sus virtudes mucho mejor que otros modelos mucho más potentes.
El Nissan 200SX SE-R destacó por combinar el fiable motor SR20DE con una plataforma ligera y una suspensión muy bien afinada. Aunque quedó a la sombra del 240SX y del 300ZX, quienes lo condujeron descubrieron un coupé rápido, fiable y muy entretenido. Actualmente comienza a despertar un creciente interés entre coleccionistas y aficionados a los deportivos japoneses.
El Matra Djet fue uno de los primeros deportivos de producción en adoptar una configuración de motor central, adelantándose varios años a una solución que más tarde se convertiría en un estándar entre los grandes deportivos. Su construcción ligera, su excelente agilidad y un comportamiento muy equilibrado lo convierten hoy en una de las propuestas más innovadoras e infravaloradas de su época.
El Saturn Sky Red Line sorprendió a los aficionados al combinar una llamativa carrocería con un potente motor turboalimentado, propulsión trasera y un chasis capaz de ofrecer un comportamiento dinámico de primer nivel. Aunque vivió a la sombra del Pontiac Solstice GXP, demostró que Saturn también podía fabricar un auténtico deportivo de altas prestaciones.
El TVR Tuscan apostó por una filosofía completamente diferente, prescindiendo de ayudas electrónicas para ofrecer una conducción pura y exigente. Gracias a su ligera construcción, su potente motor de seis cilindros en línea y un diseño inconfundible, este deportivo británico continúa siendo uno de los modelos más carismáticos y emocionantes jamás producidos por la marca.
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