El Buick GNX de 1987 es considerado por muchos como el muscle car más impresionante de los años 80. Equipado con un motor V6 turboalimentado de 3,8 litros desarrollado con la colaboración de McLaren, sus cifras oficiales ocultaban un rendimiento muy superior al declarado. Capaz de acelerar más rápido que algunos deportivos europeos de prestigio, este discreto coupé demostró que la potencia seguía muy viva en Estados Unidos.
El Ford Mustang McLaren M81 fue una edición extremadamente limitada que mostró el potencial de los motores turboalimentados en plena crisis de potencia. Su bloque de cuatro cilindros y 2,3 litros desarrollaba 175 CV, una cifra notable para la época. Aunque solo se fabricaron diez unidades, este exclusivo Mustang sentó las bases para futuras generaciones de deportivos turbo de Ford.
El Pontiac Firebird GTA Turbo Trans Am de 1989 marcó el renacimiento de las prestaciones dentro del segmento. Gracias a un motor V6 turbo heredado de la familia Buick Grand National, entregaba 250 CV y unas prestaciones que lo situaban entre los coches más rápidos fabricados por Pontiac. Su producción limitada lo ha convertido en una auténtica pieza de colección.
El Chevrolet Camaro IROC-Z transformó por completo la imagen del Camaro durante los años 80. Con un agresivo diseño inspirado en la competición y un motor V8 de 5,7 litros capaz de generar hasta 225 CV, consiguió devolver al modelo la reputación deportiva que había perdido durante la década anterior. Se convirtió rápidamente en uno de los iconos automovilísticos de su generación.
Lejos de apostar por un gran V8, el Ford Mustang SVO optó por una fórmula innovadora basada en un motor turboalimentado de cuatro cilindros. Con 200 CV y una puesta a punto desarrollada por la división Special Vehicle Operations, ofrecía un comportamiento dinámico que sorprendía incluso frente a deportivos europeos mucho más caros. Fue una propuesta adelantada a su tiempo.
Entre 1986 y 1993, los Ford Mustang LX 5.0 y GT devolvieron el protagonismo a los motores V8 dentro del segmento. Su famoso bloque de 5.0 litros alcanzó los 225 CV en las versiones posteriores, convirtiendo al Fox Body en uno de los coches más rápidos y deseados de la época. Su combinación de prestaciones, ligereza y posibilidades de preparación sigue siendo muy valorada hoy en día.
El Camaro IROC-Z 1LE de 1989 llevó el rendimiento un paso más allá gracias a un paquete específico orientado a la competición. Equipado con mejoras en la suspensión, el eje trasero y diversos elementos destinados a reducir peso, ofrecía una experiencia mucho más enfocada al rendimiento. Su motor V8 L98 de 230 CV completaba una de las configuraciones más especiales del Camaro de los años 80.
El Ford Thunderbird Turbo Coupe demostró que no era imprescindible recurrir a un enorme V8 para lograr buenas prestaciones. Su motor turboalimentado de 2,3 litros llegó a desarrollar hasta 190 CV, una cifra muy respetable para finales de los años 80. Además, combinaba un comportamiento dinámico convincente con un nivel de confort superior al de muchos muscle cars tradicionales, convirtiéndose en una propuesta tan original como infravalorada.
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