El Chrysler Crossfire Roadster nació con una propuesta confusa. Compartía cerca del 80 % de sus componentes con el Mercedes-Benz SLK de primera generación, pero ofrecía un rendimiento discreto para su motor V6. Fabricado en Alemania y comercializado como un deportivo estadounidense, nunca consiguió conectar con el público y sus ventas fueron muy inferiores a lo esperado.
El Smart Roadster destacaba por su ligereza y agilidad, pero quedó lastrado por un pequeño motor tricilíndrico con prestaciones limitadas y numerosos problemas de filtraciones de agua. Las constantes reclamaciones durante el periodo de garantía dañaron su reputación y provocaron que su producción finalizara en 2006.
El Pontiac Solstice llamó la atención por su atractiva carrocería, aunque su comportamiento no estuvo a la altura. Su peso elevado, un motor de 177 CV y unos acabados interiores de baja calidad hicieron que muchos compradores sintieran que prometía mucho más de lo que realmente ofrecía.
El MG TF pasó a la historia por sus recurrentes averías en la junta de culata, uno de los problemas mecánicos más conocidos del modelo. A ello se sumaban unas prestaciones discretas y un habitáculo con materiales poco cuidados, factores que terminaron alejando a los aficionados de la marca británica.
El Fiat Barchetta conquistó por su diseño italiano, aunque decepcionó a quienes buscaban sensaciones deportivas. Con 130 CV y tracción delantera, ofrecía una conducción correcta, pero lejos del carácter dinámico que muchos esperan de un auténtico roadster. Su nombre, que significa «pequeña embarcación», es uno de sus detalles más recordados.
El BMW Z3 alcanzó fama internacional tras aparecer en la película GoldenEye de James Bond, pero las primeras versiones equipadas con motores de cuatro cilindros ofrecían unas prestaciones modestas y un comportamiento menos preciso que varios de sus rivales. Las expectativas eran muy elevadas y el resultado dejó opiniones divididas.
El Opel GT de segunda generación fue, en esencia, una adaptación europea del Saturn Sky. Aportaba pocas novedades respecto a su gemelo estadounidense, lo que decepcionó a quienes esperaban un digno sucesor del clásico Opel GT de los años sesenta. Su escaso éxito comercial provocó una vida muy corta en el mercado.
El Mitsubishi Eclipse Spyder ganó notoriedad gracias a su aparición en la saga 2 Fast 2 Furious, pero en carretera ofrecía una experiencia muy distinta. Su elevado peso, la tracción delantera y una suspensión orientada al confort hacían que se sintiera más como un descapotable de paseo que como un auténtico deportivo.
convirtiéndose en uno de los modelos más criticados de la industria británica. Su diseño polémico, la escasa potencia y numerosos problemas de calidad de fabricación hicieron que acabara representando el declive del automóvil británico durante la década de 1970.
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