El Honda S2000 AP1 se convirtió en uno de los deportivos más admirados de su generación gracias a su espectacular motor F20C de 2.0 litros. Este propulsor atmosférico era capaz de girar hasta las 9.000 rpm y desarrollar 240 CV, una cifra impresionante para la época. Su equilibrio de pesos 50:50, su cambio manual de precisión quirúrgica y una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 5,4 segundos lo transformaron en un icono de la conducción analógica.
El Mitsubishi Lancer Evolution VII trasladó directamente la experiencia del Mundial de Rally a los conductores de calle. Equipado con el legendario motor turboalimentado 4G63 de 300 CV y un sofisticado sistema de tracción total, ofrecía unas prestaciones extraordinarias. Era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en solo 4,6 segundos, convirtiéndose en uno de los sedanes más rápidos y eficaces de su tiempo.
El Subaru Impreza WRX STI representó la esencia de los coches de competición adaptados a la carretera. Su motor bóxer turboalimentado EJ20, combinado con la reconocida tracción integral simétrica de Subaru, permitía ofrecer un comportamiento espectacular en cualquier superficie. Con una aceleración de 0 a 100 km/h cercana a los 4,8 segundos y una puesta a punto inspirada en los rallys, se convirtió en una auténtica leyenda para los aficionados.
Mientras otros fabricantes apostaban por la potencia bruta, el Toyota Altezza RS200 centró su propuesta en el equilibrio dinámico. Su motor atmosférico 3S-GE de 210 CV y la configuración de tracción trasera ofrecían una experiencia de conducción muy precisa. Su excelente comportamiento en curvas y su enorme potencial para el drifting ayudaron a convertirlo en uno de los modelos más venerados por preparadores y entusiastas japoneses.
El Mazda RX-8 destacó por una propuesta única dentro del mercado gracias a su motor rotativo RENESIS de 1.3 litros. Capaz de desarrollar hasta 238 CV, este deportivo combinaba prestaciones, ligereza y una personalidad mecánica completamente diferente a la de sus rivales. Su distribución de pesos perfecta y una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de seis segundos lo consolidaron como uno de los coches más especiales de la década.
El Nissan 350Z devolvió el protagonismo a la legendaria familia Z gracias a un potente motor V6 atmosférico de 3.5 litros y 287 CV. Su diseño musculoso y su comportamiento deportivo conquistaron rápidamente a los aficionados. Con una aceleración de 0 a 100 km/h en aproximadamente 5,3 segundos y un enorme potencial para modificaciones, se convirtió en uno de los deportivos japoneses más influyentes de los años 2000.
El Honda NSX-R NA2 representa la máxima expresión de la filosofía deportiva de Honda. Gracias a una profunda reducción de peso, mejoras aerodinámicas y una puesta a punto orientada al circuito, ofrecía unas sensaciones de conducción excepcionales. Su motor V6 atmosférico de 300 CV, combinado con una aceleración de 0 a 100 km/h en 4,7 segundos y una velocidad máxima cercana a los 275 km/h, lo convierten en uno de los superdeportivos japoneses más codiciados de todos los tiempos.
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