El Land Rover Discovery encabeza esta lista por la complejidad de su suspensión neumática, cuyos compresores, bloques de válvulas y elementos elásticos pueden convertir una avería aparentemente sencilla en un diagnóstico largo. Además, numerosos componentes electrónicos están ocultos tras paneles interiores, lo que obliga a desmontar grandes zonas del vehículo para acceder a ellos.
El Range Rover Evoque concentra un sistema mecánico y electrónico muy complejo en una carrocería relativamente compacta. El acceso a determinados componentes obliga a desmontar buena parte del frontal, mientras que los fallos intermitentes de sensores, multimedia o transmisión pueden exigir muchas horas de diagnóstico antes de encontrar la causa real.
El Kia Optima también sufrió las consecuencias de los robos relacionados con la ausencia de inmovilizadores en determinadas unidades. El aumento de las reclamaciones llevó a algunas grandes aseguradoras estadounidenses a dejar de aceptar nuevas pólizas para determinados años y mercados. Para algunos propietarios, la alternativa pasó por recurrir a compañías regionales o limitar la cobertura.
El Mercedes-Benz GLE combina suspensión neumática Airmatic, sistemas de asistencia y módulos electrónicos que pueden necesitar programación. Esto significa que sustituir un compresor o un amortiguador no siempre termina el trabajo: determinadas piezas deben codificarse y calibrarse para que el vehículo vuelva a funcionar correctamente.
El Audi Q7 puede convertir una reparación convencional en una operación de gran envergadura debido a su reducido acceso mecánico. En determinadas motorizaciones, componentes importantes se encuentran en posiciones especialmente complicadas, mientras que algunas intervenciones requieren desmontar o desplazar buena parte del frontal antes de comenzar realmente la reparación.
El Jaguar F-Pace puede resultar especialmente complicado para un taller independiente por el precio y disponibilidad de determinados componentes. Su construcción con abundante aluminio y piezas específicas de la marca limita además el número de talleres capaces de realizar determinadas reparaciones estructurales, mientras que algunas piezas tienen pocas alternativas económicas en el mercado auxiliar.
El Cadillac Escalade combina unas dimensiones enormes con una cantidad considerable de sistemas electrónicos y elementos de confort. Su tamaño puede incluso limitar los talleres y elevadores capaces de trabajar cómodamente con él. Las suspensiones adaptativas, los módulos electrónicos y componentes como los estribos eléctricos pueden convertir una avería en una reparación muy costosa.
El Hyundai Sonata se convirtió en otro objetivo destacado debido a la difusión en internet de métodos para vulnerar su sistema de encendido. El aumento de robos en determinadas ciudades terminó reflejándose en las estadísticas de las aseguradoras, que elevaron el coste de la cobertura a todo riesgo o limitaron la contratación de determinadas unidades.
El Volvo XC90 reúne motores turboalimentados, versiones híbridas enchufables y una electrónica que puede exigir herramientas y software específicos. En las variantes electrificadas, además, cualquier intervención sobre el sistema de alta tensión requiere procedimientos de seguridad especiales y personal cualificado, reduciendo considerablemente el número de talleres independientes capaces de aceptar determinados trabajos.
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