El problema para los compradores estadounidenses no es únicamente el porcentaje del arancel, sino cuánto termina representando sobre el precio de cada vehículo. Un análisis de Anderson Economic Group estimó que el impacto de las medidas comerciales estadounidenses podía alcanzar entre 2.000 y 12.000 dólares por vehículo, dependiendo del modelo, su precio y el origen de sus componentes. Las SUV grandes y de lujo se encuentran entre las categorías con mayor exposición.
La industria automovilística norteamericana funciona mediante una cadena de producción integrada entre Estados Unidos, Canadá y México. Por eso, una SUV ensamblada en Canadá puede incorporar motores, transmisiones, componentes electrónicos y piezas procedentes de distintos países. Las nuevas medidas estadounidenses buscan precisamente modificar ese equilibrio comercial y aumentar los costes asociados a determinadas importaciones canadienses.
Aquí aparece uno de los detalles más importantes para el comprador. El origen del vehículo y el cumplimiento de las reglas del USMCA son determinantes. Además, las autoridades estadounidenses han modificado el alcance de las medidas durante 2026, por lo que no resulta correcto aplicar automáticamente un único porcentaje a todas las SUV ensambladas en Canadá. El tratamiento puede depender de la clasificación del vehículo y de su contenido norteamericano.
Dos fabricantes japoneses tienen una presencia especialmente importante en la producción canadiense. Toyota y Honda fabrican en Canadá una parte relevante de los vehículos que posteriormente se venden en Estados Unidos, incluyendo SUV de gran volumen como el RAV4 y el CR-V. Reuters señaló que más del 75% de los vehículos fabricados en Canadá corresponden a estas dos compañías, lo que convierte cualquier cambio arancelario en un asunto relevante para sus operaciones.
El Toyota RAV4 es especialmente importante porque Canadá forma parte de su cadena de producción norteamericana y Estados Unidos constituye uno de sus principales mercados. Cualquier aumento en el coste de importar determinadas unidades puede repercutir en la estructura de precios, en los márgenes del fabricante o en la distribución de vehículos entre las plantas norteamericanas. Reuters identificó precisamente al RAV4 entre los modelos afectados por la incertidumbre comercial.
Es importante diferenciar impacto arancelario y aumento directo del precio de venta. Los 12.000 dólares corresponden a una estimación del coste potencial para determinados vehículos, no a un incremento obligatorio idéntico para cada comprador. Los fabricantes pueden absorber una parte del coste, modificar sus precios, cambiar el origen de determinados componentes o trasladarlo parcialmente al consumidor. Anderson Economic Group calculó diferentes niveles de impacto según el modelo y su estructura productiva.
El problema va mucho más allá de una frontera. Un vehículo puede cruzar varias veces las fronteras de Estados Unidos, Canadá y México durante su proceso de fabricación, porque los proveedores están profundamente integrados. Por eso, los aranceles pueden elevar los costes incluso cuando el vehículo final se ensambla en Norteamérica. Canadá calcula que sus vehículos fabricados localmente contienen alrededor de un 50% de componentes estadounidenses, una muestra de la complejidad de esta cadena.
La presión arancelaria está acelerando decisiones industriales. Toyota, por ejemplo, ya ha anunciado inversiones multimillonarias en Estados Unidos, mientras distintos fabricantes estudian cómo aumentar la producción local y reducir su exposición a las tarifas. Sin embargo, trasladar una línea de producción o cambiar proveedores requiere años y grandes inversiones, por lo que el efecto sobre los precios no desaparece de un día para otro.
La situación continúa cambiando. Estados Unidos mantiene medidas adicionales sobre determinados productos canadienses y el tratamiento de los vehículos ha sido modificado durante 2026. Además, el USMCA continúa vigente mientras siguen las negociaciones sobre su futuro, según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. Para quien vaya a comprar una SUV fabricada en Canadá, lo más importante será comprobar el origen concreto de la unidad, su contenido norteamericano y el precio final ofrecido por el concesionario, en lugar de asumir que todo vehículo canadiense tendrá automáticamente el mismo recargo.
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