El precio medio nacional de la gasolina en Estados Unidos alcanzó los 4,06 dólares por galón a mediados de agosto de 2026, frente a los 3,14 dólares registrados un año antes. Este fuerte incremento está modificando las prioridades de muchos compradores, que empiezan a prestar más atención al consumo y a los costes de utilización antes de adquirir un vehículo. El resultado afecta especialmente a las berlinas de lujo con motores grandes y sin tecnología híbrida.
Los modelos de representación están sufriendo una depreciación especialmente pronunciada en el mercado de segunda mano. Su gran tamaño y menor eficiencia de combustible juegan ahora en su contra, especialmente frente a vehículos más pequeños y eficientes. Esto ha provocado que algunas berlinas que hace apenas unos años tenían precios prohibitivos hayan pasado a situarse en un nivel mucho más accesible para compradores particulares.
La fuerte caída de valor afecta especialmente a las berlinas premium con entre tres y cinco años de antigüedad. Los compradores de segunda mano temen asumir los elevados costes asociados a sus motores, sistemas electrónicos y mantenimiento, además de un consumo de combustible superior al de una berlina convencional. Esa combinación reduce la demanda y termina acelerando todavía más la depreciación.
Los datos del mercado mayorista de Cox Automotive muestran hasta qué punto ha cambiado la situación. Un Mercedes-Benz Clase S, BMW Serie 7, Audi A8, Lexus LS o Jaguar XJ con entre tres y cinco años puede encontrarse actualmente en subastas mayoristas dentro de una horquilla aproximada de 25.000 a 36.000 dólares. Son cifras sorprendentes para vehículos que originalmente se comercializaron como auténticos escaparates tecnológicos de sus respectivas marcas.
La situación resulta todavía más llamativa cuando se compara con un automóvil generalista. La horquilla de 25.000 a 36.000 dólares de estas berlinas de lujo usadas coincide en buena medida con los aproximadamente 29.600 a 35.000 dólares de un Toyota Camry nuevo. Por un precio similar, el comprador debe decidir entre estrenar una berlina convencional o acceder a un antiguo buque insignia premium con mucho más equipamiento.
La depreciación crea una oportunidad interesante para quienes buscan materiales de mayor calidad, aislamiento acústico, tecnología avanzada y un nivel de confort superior sin pagar el precio de un coche nuevo de lujo. Un Clase S, Serie 7, A8 o LS de pocos años puede ofrecer una experiencia de conducción muy diferente a la de una berlina generalista con un precio de compra similar.
Frente al desplome de las berlinas premium, el Toyota Camry conserva una posición mucho más sólida gracias a su reputación de fiabilidad y sus buenas valoraciones de organismos como iSeeCars y J.D. Power. Su propuesta es menos espectacular que la de un buque insignia alemán o japonés, pero ofrece una mayor tranquilidad para el propietario que busca controlar los costes a largo plazo.
El Toyota Camry también destaca por perder menos valor con el paso del tiempo, una característica que refuerza su atractivo frente a las berlinas de lujo usadas. Aunque un Mercedes, BMW, Audi, Lexus o Jaguar de tres años pueda parecer una auténtica ganga al costar lo mismo que un Camry nuevo, los gastos de combustible, mantenimiento y reparaciones pueden cambiar por completo la ecuación económica.
El precio inicial no refleja todos los gastos que acompañan a una berlina de lujo usada. Las revisiones, los neumáticos, los seguros y las posibles averías de sistemas electrónicos o componentes mecánicos pueden costar mucho más que en un Toyota Camry nuevo. Por eso, antes de aprovechar una oferta aparentemente irresistible, conviene revisar el historial del vehículo, calcular el consumo previsto y reservar un presupuesto para mantenimiento y reparaciones.