Dos plataformas serían entonces las que soporten desde un sedán como el XJ, la berlina intermedia XF o el futuro convertible compacto de la marca, mientras que con unos pocos cambios sería capaz de asumir el peso y las capacidades de todo un Range Rover.
En teoría, según se anuncia, los cambios requeridos para estas bases de alta flexibilidad no serían tan profundos como se podría llegar a pensar inicialmente, y sólo algunas variaciones se requerirían en la organización de componentes como la suspensión, mientras que las zonas de deformación controlada en la parte frontal y el piso serían idénticas.
Las plataformas que en teoría se están planteando son dos, la primera aglomeraría la futura generación del Freelander, que tendría varias versiones de carrocería y un supuesto sucesor indirecto del Discovery que se construiría sobre el SUV compacto de la marca, que a su vez podría compartir muchos componentes con la arquitectura C1 de Ford, aprovechada por marcas como Ford, Volvo y Mazda (recordemos que pese a no ser parte de Ford, Jaguar y Land Rover siguen empleando mucha de su tecnología).
La segunda arquitectura no sería tan tradicional como la primera pues involucraría a los productos más representativos de ambas marcas, como los Jaguar XJ o el Land Rover Range Rover, con un gran porcentaje de su fabricación en aluminio y con la compatibilidad para diferentes anchos de carrocería.
Será interesante ver si esta estrategia, en caso de aplicarse, generará resultados positivos para carros de una orientación casi opuesta.