Los automóviles de origen chino han pasado en pocos años de ser una rareza en México a ocupar un espacio cada vez más visible en el mercado, y ahora comienzan a aparecer en una etapa que hasta hace poco parecía lejana: los deshuesaderos y negocios de autopartes usadas. Un caso documentado en Mérida, Yucatán, reúne 20 vehículos de marcas chinas correspondientes a 13 modelos, entre ellos MG, Changan, Chirey, Omoda, BYD y SEV, que son comercializados por piezas.
La presencia de estos vehículos en los deshuesaderos no significa necesariamente que sean menos fiables o que estén sufriendo más averías que otros automóviles. Un coche puede acabar desmontado después de un accidente, ser declarado siniestro total, sufrir daños cuya reparación no resulte rentable o simplemente convertirse en una fuente de recambios, por lo que este fenómeno debe interpretarse como una señal de la evolución del parque automovilístico mexicano y no como una estadística de fiabilidad.
El inventario localizado en Mérida incluye modelos como Omoda O5, Changan CS35 Plus, Changan CS55 Plus, Changan Alsvin, Chirey Tiggo 2, MG GT, MG ZS, MG HS, MG5, MG RX5, MG RX8, BYD King y SEV E-NAT. La aparición de estas unidades tiene además una explicación lógica: cuanto mayor es el número de coches chinos que circulan por las carreteras, más posibilidades existen de que algunos terminen en talleres, aseguradoras, depósitos y finalmente en el mercado de piezas usadas.
Para los propietarios, la creación de este mercado secundario puede tener una consecuencia positiva: algunas piezas de carrocería, faros, puertas, elementos interiores y otros componentes recuperables podrían encontrarse usados, algo especialmente interesante cuando un repuesto nuevo tarda en llegar o tiene un precio elevado. Sin embargo, disponer de piezas procedentes de vehículos desmantelados no soluciona por sí mismo los posibles problemas de suministro de recambios nuevos, servicio técnico, garantías y posventa.
El crecimiento de las marcas chinas explica por qué esta situación empieza a ser más visible. Según cifras citadas por Motorpasión México, en 2025 se vendieron 143.573 automóviles de marcas chinas que reportaron datos al INEGI, mientras que la AMDA estimó más de 100.000 unidades adicionales correspondientes a firmas que no reportaron directamente al organismo. Esa expansión hace que estas marcas estén pasando de ocupar únicamente los concesionarios y las carreteras a integrarse progresivamente en todo el ecosistema del automóvil: mantenimiento, reparaciones, siniestros, despiece y recambios.
El caso también pone sobre la mesa uno de los grandes desafíos de comprar un automóvil de una marca relativamente nueva en un mercado: la posventa puede ser tan importante como el precio, el diseño o la tecnología. La salida de algunas firmas del mercado mexicano durante 2026 ya ha dejado casos de propietarios con dificultades para conseguir atención, documentación técnica o piezas, un problema que puede aumentar cuando una marca abandona el país sin garantizar una estructura de soporte suficiente.
En definitiva, que un MG, BYD, Changan, Omoda o Chirey aparezca en un deshuesadero no demuestra que estos coches sean malos ni que estén fallando más que sus rivales. Lo que sí demuestra es que las marcas chinas ya han alcanzado una presencia suficiente para comenzar a completar el ciclo de vida de sus vehículos en México. Ahora el verdadero reto estará en consolidar una red estable de refacciones, talleres, garantías y servicio posventa, mientras el mercado de piezas usadas comienza a convertirse en una nueva vía para mantenerlos en circulación.
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