Los SUV todoterreno están viviendo una transformación tecnológica. A los tradicionales modelos de gasolina y diésel se suman vehículos eléctricos capaces de afrontar caminos complicados gracias a sus motores independientes, su entrega instantánea de potencia y sus avanzados sistemas de control. Sin embargo, un todoterreno eléctrico no es automáticamente mejor que uno de combustión para cualquier aventura. La elección depende del terreno, la distancia que se quiera recorrer, la disponibilidad de puntos de recarga y la facilidad para reparar el vehículo lejos de las ciudades.
Una de las principales ventajas de los todoterreno eléctricos es la forma en que entregan la potencia. Los motores eléctricos ofrecen par prácticamente inmediato desde bajas velocidades, lo que permite avanzar con precisión sobre rocas, pendientes y superficies deslizantes. En modelos con varios motores, la gestión electrónica puede distribuir el empuje entre las ruedas con gran rapidez, reduciendo la necesidad de recurrir a complejos sistemas mecánicos tradicionales. Además, la ausencia de cambios de marcha convencionales facilita mantener una velocidad controlada en obstáculos difíciles, aunque el resultado final depende del software, los neumáticos y la configuración específica del vehículo.
El peso de las baterías y su ubicación bajo el suelo también influyen en el comportamiento. Al concentrar una parte importante de la masa en una posición baja, algunos SUV eléctricos consiguen un centro de gravedad favorable, algo que puede contribuir a la estabilidad. La conducción silenciosa permite escuchar mejor el entorno y reduce el ruido en rutas naturales. Sin embargo, las baterías añaden bastante peso, lo que puede dificultar la recuperación del vehículo si queda atrapado en barro o arena y aumentar las exigencias sobre neumáticos, suspensión y estructura. La protección del paquete de baterías resulta fundamental cuando existe riesgo de golpes contra rocas o elementos del terreno.
Los modelos de gasolina y diésel mantienen una ventaja clara en expediciones largas: repostar suele llevar pocos minutos y las estaciones de servicio están más extendidas que los cargadores rápidos. En regiones aisladas, donde las distancias entre puntos de recarga pueden ser enormes, esta diferencia resulta decisiva. Además, un vehículo de combustión puede transportar combustible adicional en recipientes homologados cuando la normativa y las condiciones lo permiten. Los todoterreno eléctricos, por su parte, pueden perder autonomía con temperaturas extremas, velocidades elevadas, pendientes prolongadas y el uso de accesorios que consumen energía. La autonomía anunciada no siempre refleja la distancia que se podrá recorrer en una ruta todoterreno exigente.
En materia de mantenimiento, los eléctricos tienen menos componentes móviles en el sistema de propulsión y no necesitan cambios de aceite del motor ni determinadas operaciones habituales en los vehículos de combustión. El frenado regenerativo también puede reducir el desgaste de las pastillas en algunas situaciones. No obstante, siguen necesitando revisiones de neumáticos, suspensión, frenos, refrigeración y sistemas electrónicos. Los modelos de gasolina o diésel requieren más mantenimiento relacionado con el motor y la transmisión, pero su mecánica es conocida por una red de talleres más amplia en muchas zonas. En una aventura lejos de las ciudades, la disponibilidad de repuestos y técnicos capaces de reparar una avería puede ser tan importante como la fiabilidad del vehículo.
La capacidad todoterreno tampoco depende exclusivamente del tipo de motor. La altura libre al suelo, los ángulos de ataque y salida, la profundidad de vadeo homologada, los neumáticos y los bloqueos de diferencial pueden determinar si un vehículo supera un obstáculo. Un eléctrico con tracción total puede ofrecer un control excelente a baja velocidad, mientras que un todoterreno tradicional con reductora y bloqueos mecánicos puede resultar más adecuado para ciertas rutas extremas. También es importante valorar la recuperación: los puntos de remolque, la resistencia de los bajos y el procedimiento indicado por el fabricante son especialmente relevantes cuando el vehículo queda inmovilizado en una zona complicada.
Entre los eléctricos que buscan combinar prestaciones y aventura figuran el Rivian R1S y el GMC Hummer EV, mientras que entre los todoterreno de combustión destacan el Jeep Wrangler y el Ford Bronco. No son modelos idénticos ni están pensados para exactamente el mismo uso, pero ilustran dos caminos tecnológicos distintos. Para escapadas cerca de zonas con cargadores, un eléctrico puede ofrecer una experiencia muy convincente; para expediciones remotas de muchos días, un vehículo de combustión puede aportar mayor flexibilidad logística. Antes de decidir, conviene comparar la autonomía real, la carga útil, la capacidad de remolque, la protección de los bajos y la red de asistencia disponible en el destino.