
El BMW iX3 xDrive50 afrontó una prueba especialmente exigente por las carreteras de Rumanía: salir de Bucarest, atravesar buena parte del país, llegar hasta Șona y regresar pasando por la famosa carretera de montaña Transfăgărășan. La ruta combinó autopistas, carreteras nacionales, caminos secundarios y conducción rápida en montaña, sin adaptar el estilo de conducción para ahorrar energía. El objetivo no era conseguir una cifra récord, sino comprobar si un SUV eléctrico podía realizar un viaje largo sin obligar al conductor a circular más despacio ni convertir cada parada en una operación de carga.
El viaje comenzó con un 97 % de batería y 108,7 kWh de capacidad, mientras que el ordenador mostraba una autonomía estimada de 568 kilómetros. En Europa, BMW anuncia hasta 805 kilómetros WLTP para esta versión, mientras que la homologación estadounidense alcanza los 698 kilómetros. Tras recorrer 180,4 kilómetros principalmente por carreteras abiertas, el iX3 registraba un consumo de 18,8 kWh/100 km. Al completar los primeros 350,1 kilómetros, la media había mejorado hasta 17,6 kWh/100 km y todavía quedaba un 40 % de batería, con otros 279 kilómetros estimados disponibles.
Lo más llamativo fue que esa autonomía no se consiguió conduciendo como si el coche estuviera en una prueba de consumo. Al contrario, el recorrido incluyó diferentes tipos de carretera y velocidades normales, demostrando que la eficiencia del BMW iX3 puede mantenerse elevada incluso cuando se utiliza como un coche convencional. Con esos datos, parecía incluso posible intentar el regreso sin recargar, aunque eso habría obligado a conducir con mucha más suavidad y probablemente a limitar el uso del climatizador. La opción elegida fue otra: cargar durante la noche y afrontar al día siguiente la parte más exigente del recorrido.

Desde Sibiu comenzó el tramo hacia la Transfăgărășan, una de las carreteras de montaña más espectaculares de Europa. En la aproximación a las curvas, el iX3 llegó a registrar unos impresionantes 14 kWh/100 km, una cifra especialmente destacable teniendo en cuenta que hablamos de un SUV de más de 2,3 toneladas, con dos motores y 463 CV. La batería situada en la parte baja del vehículo también ayuda a mantener un centro de gravedad bajo, algo que se nota cuando aparecen las curvas cerradas y el ritmo aumenta.
Al seleccionar el modo Sport, la eficiencia dejó de ser la prioridad, pero el comportamiento dinámico pasó a convertirse en el protagonista. El BMW iX3 consigue esconder bastante bien sus más de 2.300 kilos, ofreciendo una respuesta rápida y un comportamiento estable en las curvas. La distribución del peso y la posición de la batería permiten reducir la sensación de estar conduciendo un SUV pesado, mientras que el acelerador puede utilizarse para ajustar la trayectoria. En la Transfăgărășan, el eléctrico se mostró plantado, equilibrado y sorprendentemente divertido, hasta el punto de resultar más agradable de conducir que su equivalente de combustión.
La prueba de montaña fue todavía más exigente porque una subida no fue suficiente. Tras alcanzar Bâlea, el iX3 descendió hasta Cârțișoara y volvió a recorrer toda la carretera en sentido contrario, acumulando aproximadamente 1.580 metros de desnivel positivo por segunda vez. Después de unos 160 kilómetros de conducción durante esa jornada, la batería todavía marcaba un tranquilizador 57 %. El consumo medio llegó a situarse en 29,6 kWh/100 km, e incluso alcanzó temporalmente 37,8 kWh/100 km durante los momentos más exigentes, pero la recuperación de energía en las bajadas ayudó a compensar parte del gasto.
El verdadero examen llegó al abandonar las montañas. El BMW iX3 continuó hacia Bucarest y recorrió unos 400 kilómetros durante la segunda jornada, incluyendo las dos ascensiones a la Transfăgărășan y aproximadamente 150 kilómetros de autopista circulando a 140 km/h. A pesar de ese ritmo y de haber utilizado intensamente las prestaciones del coche, llegó a su destino con un 16 % de batería restante. La cifra resulta especialmente significativa porque no fue necesario recurrir a velocidades reducidas, apagar el climatizador o adoptar técnicas de conducción destinadas exclusivamente a maximizar la autonomía.
El resultado cambia bastante la percepción sobre los viajes largos en un eléctrico moderno. El BMW iX3 combina una batería de gran capacidad, una eficiencia real notable y una estimación de autonomía que no obliga al conductor a vivir pendiente del porcentaje restante. La experiencia demuestra que tener mucha autonomía no depende únicamente del tamaño de la batería: también importa cuánto consume el vehículo y cómo gestiona la energía disponible. En este caso, el conjunto permite cubrir grandes distancias manteniendo un margen suficiente incluso después de exigirle mucho al sistema eléctrico.
Con una conducción tranquila, el iX3 puede comportarse como un SUV eléctrico pensado para recorrer kilómetros con bajo consumo, mientras que en carreteras de montaña puede ofrecer prestaciones y comportamiento dinámico sin convertir la autonomía en una preocupación constante. Esa combinación es precisamente una de las claves de su planteamiento: puede pasar de un viaje eficiente por autopista a una conducción deportiva y después recuperar un ritmo relajado sin que el conductor tenga que cambiar completamente sus hábitos.
La infraestructura de recarga todavía puede marcar diferencias entre regiones y la ansiedad por la autonomía no ha desaparecido por completo en todos los mercados. Sin embargo, una prueba de más de 800 kilómetros, con autopista, carreteras secundarias, montaña y conducción exigente, deja claro hasta qué punto han evolucionado los coches eléctricos. En un modelo capaz de completar semejante recorrido y regresar con un 16 % de batería, resulta cada vez más difícil justificar que un viaje largo tenga que girar necesariamente alrededor de la autonomía y las paradas de carga.
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