Chevrolet se ha convertido en una de las marcas con mayor presencia de vehículos de origen chino en Latinoamérica, pero su estrategia comienza a cambiar. General Motors prepara una reorganización de sus cadenas de producción que contempla una inversión de 1.000 millones de dólares en México y el traslado de la fabricación de modelos que hasta ahora llegaban desde Asia. Entre los protagonistas aparecen el Chevrolet Groove y el Chevrolet Aveo, dos vehículos importantes para el mercado regional. La operación no supone romper con los socios chinos de GM, sino adaptar la producción para reducir costes logísticos y responder mejor a la demanda local.
El Complejo Industrial de Ramos Arizpe, en Coahuila, será uno de los grandes beneficiados por esta estrategia. El plan contempla que en 2027 comience la producción del Chevrolet Groove, mientras que posteriormente se incorporará el Aveo a las líneas de fabricación. La planta podría alcanzar una capacidad de hasta 80.000 unidades anuales para el mercado local, reforzando el papel de México dentro de la estrategia industrial de General Motors. El movimiento también tiene una lectura importante desde el punto de vista del empleo y de la industria nacional, ya que una mayor fabricación local puede proteger puestos de trabajo cualificados y generar actividad alrededor de la cadena de proveedores.
La estrategia no se limita a México. Brasil también está ganando protagonismo en la nueva organización industrial de Chevrolet, con el ensamblaje del Spark EV y la futura fabricación del Captiva PHEV en la planta de Ceará. En ambos casos, el objetivo es acercar la producción a los mercados donde se venden los vehículos. Esta fórmula permite reducir la distancia entre las fábricas y los clientes y, al mismo tiempo, facilita que General Motors pueda adaptar su oferta a las necesidades específicas de Latinoamérica, especialmente durante la transición hacia tecnologías electrificadas.
Uno de los principales motivos detrás de este movimiento está relacionado con los costes de transportar vehículos desde China y con las nuevas condiciones arancelarias. México y Brasil han elevado las cuotas aplicadas a determinados vehículos procedentes de China, haciendo que importar miles de unidades resulte menos atractivo económicamente. Fabricar localmente permite a GM reducir una parte importante de esos gastos y mantener unos precios más competitivos. Además, los modelos que todavía mantengan componentes procedentes de China podrán continuar utilizando sistemas de ensamblaje como el SKD (Semi Knocked-Down), mediante el cual llegan paquetes parcialmente montados para completar el proceso en la región.
El cambio tampoco significa que General Motors haya roto su relación con SAIC o Wuling. Al contrario, la compañía estadounidense continúa aprovechando la experiencia y las tecnologías desarrolladas por sus socios asiáticos, especialmente en un momento en el que la electrificación está transformando rápidamente el mercado. La nueva estrategia busca combinar lo mejor de ambos mundos: aprovechar plataformas, conocimientos y componentes procedentes de Asia cuando sea necesario, pero trasladar una parte creciente de la fabricación a Latinoamérica para reducir costes y mejorar la eficiencia industrial.
El caso del Aveo y el Groove resulta especialmente significativo porque demuestra cómo está cambiando el mapa mundial de fabricación de automóviles. México quiere convertirse en un centro cada vez más importante para producir vehículos destinados al mercado latinoamericano, mientras que las marcas buscan reducir su exposición a los problemas derivados de las cadenas de suministro internacionales. Para Chevrolet, producir más cerca del consumidor significa también tener mayor capacidad para responder a cambios en la demanda, evitar determinados costes de importación y mantener precios competitivos en uno de los mercados más importantes de la región.
En definitiva, Chevrolet no está cerrando la puerta a China, sino redefiniendo su relación con Asia mientras aumenta su apuesta por Latinoamérica. La inversión de 1.000 millones de dólares y la futura producción del Groove y el Aveo en Ramos Arizpe pueden marcar un antes y un después para la marca en México. Si el proyecto alcanza los volúmenes previstos, la estrategia permitirá reducir costes logísticos y arancelarios, fortalecer la fabricación local y mantener las sinergias tecnológicas con sus socios chinos. Todo ello en un contexto en el que la industria del automóvil se prepara para una nueva etapa marcada por la electrificación y una producción cada vez más cercana a los mercados finales.