Elon Musk ha vuelto a alimentar una de las ideas más llamativas de la industria del automóvil. Tras responder en X que “tendrás un coche volador”, el CEO de Tesla reavivó las expectativas alrededor del futuro Roadster, un modelo que lleva años rodeado de promesas tecnológicas.
El nuevo Tesla Roadster podría ir mucho más allá de las prestaciones de un deportivo eléctrico convencional. La compañía ha hablado anteriormente de incorporar un sistema de propulsores de gas frío inspirado en SpaceX, capaz de proporcionar breves periodos de elevación o incluso permitir que el vehículo llegue a despegar. Sin embargo, esta tecnología continúa siendo especulativa y todavía no existe una versión de producción que demuestre su funcionamiento.
Convertir un automóvil en una aeronave plantea numerosos problemas. Seguridad, ruido, legislación, seguros, mantenimiento e infraestructura son solo algunos de los obstáculos que Tesla tendría que resolver. Incluso aunque el Roadster consiguiera despegar, sus propietarios necesitarían saber dónde podrían hacerlo y qué requisitos tendrían que cumplir para utilizar una tecnología semejante.

Mientras Tesla continúa hablando del concepto, XPeng está avanzando hacia una solución más concreta. Su división XPeng AeroHT ha desarrollado el denominado Land Aircraft Carrier, un sistema modular que combina un vehículo terrestre con una aeronave eléctrica de despegue y aterrizaje vertical para dos ocupantes.
La propuesta es diferente a la de Tesla. El vehículo funciona como un coche convencional y transporta la aeronave en su interior, permitiendo desplegarla cuando se alcanza una zona adecuada para iniciar el vuelo. De esta manera, no es necesario que el mismo vehículo pueda circular por carretera y volar constantemente.
XPeng ya ha dado pasos importantes para convertir el proyecto en un producto comercial. La compañía ha construido una fábrica específica en Guangzhou con una capacidad prevista de 10.000 unidades al año y ya ha conseguido miles de pedidos anticipados. Aun así, todavía quedan importantes barreras regulatorias antes de que estos vehículos puedan utilizarse de forma generalizada.

Los problemas no terminan con la fabricación. Las autoridades tendrán que determinar cómo se certifican estos vehículos, quién puede pilotarlos y dónde pueden despegar y aterrizar. También será necesario establecer normas sobre seguros, mantenimiento, recarga, emergencias y control del tráfico aéreo.
Por eso, la estrategia de XPeng podría tener una ventaja frente a la idea de un coche que simplemente se transforma en aeronave. Separar las funciones de conducción y vuelo permite limitar el uso de la aeronave a lugares y situaciones concretas, mientras el vehículo terrestre mantiene su función convencional para los desplazamientos diarios.
La comparación entre ambas compañías resulta especialmente interesante. Tesla tiene una enorme capacidad para convertir una idea futurista en un fenómeno mundial, mientras que XPeng está intentando construir una infraestructura industrial alrededor del concepto. El fabricante chino no se limita a presentar un prototipo: está desarrollando una fábrica, una cadena de producción y un vehículo pensado para llegar a clientes reales.
El debate sobre los coches voladores, por tanto, ya no gira únicamente alrededor de si algún día serán técnicamente posibles. La verdadera pregunta es quién conseguirá superar primero las barreras legales, económicas y de seguridad para convertirlos en un producto utilizable. Tesla mantiene la atención gracias al Roadster, pero XPeng parece estar tomando la delantera con una estrategia más concreta.
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