Mercedes-AMG llevó el concepto de cuatro cilindros turbo hasta un nivel extremo con el CLA 45 S. Su motor 2.0 litros M139 desarrolla hasta 416 CV, una cifra que AMG considera la mayor potencia alcanzada por un motor de cuatro cilindros de producción. Para conseguirla utiliza una elevada relación de compresión, un turbocompresor twin-scroll e internos reforzados capaces de soportar enormes presiones de sobrealimentación. La potencia llega a las cuatro ruedas mediante tracción integral y una transmisión de doble embrague, permitiendo al compacto ofrecer aceleraciones propias de deportivos mucho más caros y potentes.
El Mercedes-AMG C 43 demuestra que reducir cilindrada no significa renunciar a las prestaciones. Su motor M139 turbo de cuatro cilindros desarrolla alrededor de 402 CV, dependiendo del mercado, y cuenta con un turbocompresor de asistencia eléctrica que permite reducir considerablemente el retraso de respuesta. A esto se suma un sistema eléctrico de 48 voltios con motor-generador de arranque, capaz de proporcionar un apoyo adicional de par en determinadas situaciones. El resultado es una berlina que combina una respuesta inmediata con unas emisiones inferiores a las de su antecesor de seis cilindros.
Honda demuestra con el Civic Type R que un compacto de tracción delantera puede superar los 300 CV sin convertirse en un coche difícil de controlar. Su motor K20C1 de 2.0 litros turbo desarrolla 315 CV y trabaja junto a un diferencial autoblocante helicoidal y una suspensión delantera de doble eje diseñada para controlar el par de dirección. Las cifras pueden variar ligeramente según el mercado y el año del modelo, pero la filosofía permanece intacta: combinar una respuesta contundente con una conducción utilizable a diario. En circuito, el Type R se ha convertido en una referencia entre los compactos deportivos.
El Acura Integra Type S comparte buena parte de su receta mecánica con el Honda Civic Type R, pero adapta su carácter para ofrecer una experiencia más refinada. Su motor turbo de cuatro cilindros ronda los 320 CV y recibe una puesta a punto específica para diferenciarlo del Honda. Una plataforma más rígida y amortiguadores adaptativos buscan aprovechar esa potencia sin convertir al modelo en un deportivo exclusivamente radical. Además, el Integra añade un habitáculo más lujoso y silencioso, manteniendo la posibilidad de disfrutar de una caja de cambios manual y de unas prestaciones muy elevadas.
El Volkswagen Golf R demuestra hasta dónde puede llegar un compacto equipado con un cuatro cilindros turbo. Su motor 2.0 litros EA888 alcanza los 328 CV y trabaja junto a un sistema de tracción integral con reparto vectorial del par. Esta tecnología permite enviar una gran cantidad de fuerza a una de las ruedas traseras y hace posible incluso un modo Drift, pensado para provocar sobreviraje controlado. Gracias a esta combinación, el Golf R ofrece una enorme capacidad de tracción sobre superficies mojadas o deslizantes y mantiene además unas prestaciones capaces de convertirlo en un auténtico deportivo.
El Audi S3 comparte familia mecánica y plataforma con el Volkswagen Golf R, por lo que su motor turbo de cuatro cilindros ronda los 328 CV. La potencia se transmite mediante la tracción integral quattro y una caja de cambios de doble embrague de siete velocidades, mientras que el sistema de control electrónico ayuda a mejorar la respuesta en curvas. Frente al Golf R, el S3 apuesta por un interior más sofisticado, mayor aislamiento acústico y una presentación más lujosa. Es así una de las alternativas más interesantes para quien busca prestaciones de compacto deportivo sin renunciar al carácter premium.
El Ford Mustang también demuestra que un coche asociado históricamente a los V8 puede apostar por un cuatro cilindros turbo. El Mustang EcoBoost equipa un 2.3 litros EcoBoost de aproximadamente 315 CV, convirtiéndose en la alternativa de acceso a la gama de prestaciones del pony car. Su diferencial de deslizamiento limitado y una puesta a punto más rígida permiten aprovechar el par en carreteras reviradas, mientras que el motor más ligero reduce el peso sobre el eje delantero. A cambio de renunciar al sonido y la personalidad del V8, el EcoBoost ofrece menor consumo, un frontal más ligero y costes de utilización más contenidos.