El Iso Grifo representa una de las combinaciones más interesantes de la época dorada de los grandes deportivos. Su elegante carrocería fue diseñada por Giorgetto Giugiaro, mientras que diferentes versiones recurrieron a motores V8 de Chevrolet y Ford. La producción limitada hizo que pocas unidades sobrevivieran y que actualmente sea mucho más habitual encontrarlo en colecciones especializadas que circulando por carretera.
El Jensen Interceptor mezcló elegancia británica con la fuerza de un motor V8 estadounidense. Su enorme portón trasero acristalado y sus proporciones poco habituales lo diferenciaban de otros deportivos europeos, mientras que los motores Chrysler aportaban unas prestaciones considerables. Jensen fabricó relativamente pocas unidades, por lo que encontrar uno bien conservado actualmente es una situación poco habitual.
El De Tomaso Mangusta fue uno de los deportivos italianos más llamativos de su generación. Su carrocería de líneas afiladas escondía un motor V8 de origen Ford, mientras que las particulares cubiertas del compartimento del motor aportaban una de sus señas de identidad más reconocibles. Su producción fue modesta y, al quedar eclipsado posteriormente por el Pantera, se convirtió en una pieza especialmente difícil de encontrar.
El Monteverdi 375 L nació de una combinación poco frecuente: construcción y diseño europeos junto con la potencia de un V8 estadounidense. La marca suiza fabricó estos grandes turismos en cantidades muy reducidas, lo que explica su escasa presencia actual. Además, Monteverdi nunca alcanzó la notoriedad de Ferrari, Porsche o Maserati, por lo que el 375 L continúa siendo una auténtica rareza incluso en concentraciones de coches clásicos.
El Bricklin SV-1 intentó ofrecer una combinación diferente de prestaciones y seguridad en la década de 1970. Sus puertas de tipo alas de gaviota y carrocería en forma de cuña lo convirtieron en uno de los deportivos visualmente más singulares de su época. Su producción fue breve y el número de ejemplares que han llegado hasta nuestros días es reducido, haciendo que encontrarse con uno sea especialmente poco común.
El Bitter CD fue creado por el antiguo piloto de carreras alemán Erich Bitter y combinó una carrocería de inspiración italiana con componentes mecánicos procedentes de Opel. Su producción fue extremadamente limitada y el modelo nunca consiguió una presencia internacional comparable con los grandes fabricantes europeos. Precisamente por eso, encontrar actualmente un Bitter CD fuera de una colección o exposición es una experiencia muy poco habitual.
El Ginetta G15 llevó la filosofía de los deportivos ligeros británicos a unas dimensiones diminutas. Su motor trasero y su bajo peso le proporcionaban un comportamiento ágil, mientras que su reducida carrocería hacía que pudiera desenvolverse con facilidad en carreteras estrechas. Aunque Ginetta fabricó el modelo en cantidades superiores a algunos de los otros coches de esta lista, sigue siendo una presencia extremadamente rara fuera de los círculos de aficionados a los clásicos británicos.
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