El 924 siempre vivió a la sombra de otros Porsche, pero tenía una base técnica brillante. Su configuración transaxle le daba un reparto de peso casi perfecto, lo que se traducía en un manejo ágil y muy equilibrado. No era el más potente, pero sí uno de los más divertidos de conducir en su segmento.
Una evolución profunda del 944 que casi nadie valoró en su momento. Con 240 hp y años de desarrollo encima, ofrecía un rendimiento sólido y una conducción refinada. Su equilibrio entre confort y deportividad lo ponía al nivel de deportivos más famosos, pero sin el reconocimiento.
Raro, caro y con un diseño polémico, el SZ pasó desapercibido para muchos. Sin embargo, su motor V6 Busso y su chasis con suspensión De Dion lo convertían en un auto extremadamente capaz en curvas. Es uno de esos Alfa que hoy se valora mucho más que en su época.
Uno de los mejores deportivos japoneses de los 90, pero opacado por rivales como el Supra. Con su V6 biturbo y casi 300 hp reales, ofrecía prestaciones de primer nivel. Además, su diseño y tecnología lo posicionaban como un auto muy avanzado para su tiempo.
Puro caos controlado. Sin ayudas electrónicas y con más de 400 hp en un chasis liviano, el Tuscan era una experiencia extrema. No era perfecto en confiabilidad, pero su brutalidad y diseño lo convierten en uno de los deportivos más emocionantes que pocos realmente conocen.
El C4 fue clave para modernizar el Corvette, aunque rara vez recibe crédito por eso. Más liviano y preciso que su predecesor, introdujo mejoras importantes en chasis y tecnología. La versión ZR1, con motor desarrollado junto a Lotus, lo llevó a otro nivel de rendimiento.
Un deportivo puro que nunca buscó impresionar con números exagerados. Su motor giraba a altísimas revoluciones y su caja manual es considerada una de las mejores de la historia. Ligero, equilibrado y preciso, es un auto que recompensa al conductor como pocos.
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