Preston Tucker solo consiguió fabricar 51 unidades del Tucker 48 antes de que su empresa desapareciera en 1949. Cada ejemplar utilizaba un motor de 5,5 litros refrigerado por líquido y contaba con soluciones tan innovadoras como un faro central conectado a la dirección y un parabrisas diseñado para desprenderse en caso de accidente. El proyecto terminó envuelto en un escándalo, pero los ejemplares supervivientes acabaron convirtiéndose en una prueba de que una gran ambición puede sobrevivir incluso al fracaso empresarial.
Con su carrocería de acero inoxidable, puertas de tipo alas de gaviota y un V6 de 2,85 litros y 130 CV, el DeLorean DMC-12 fue una propuesta tan llamativa como problemática. La compañía de John DeLorean fabricó aproximadamente 9.000 unidades antes de colapsar en 1983, pero dos años después todo cambió. Una película sobre viajes en el tiempo convirtió a este deportivo en uno de los coches más reconocibles de la historia y transformó un desastre comercial en un auténtico icono mundial.
Ford invirtió millones en el desarrollo del Edsel, pero el modelo desapareció después de apenas tres años de producción. Su polémica parrilla frontal, una recesión económica y unas ventas de aproximadamente 117.000 unidades terminaron condenándolo. Sin embargo, décadas después, aquella controvertida imagen se convirtió precisamente en su principal atractivo y el Edsel pasó a ser una pieza de colección que simboliza uno de los mayores fracasos de la industria automovilística estadounidense.
El Bond Bug apostó por una fórmula completamente radical para la época: una carrocería en forma de cuña, tres ruedas y ninguna puerta convencional. Su techo se levantaba como la cabina de un avión de combate y el modelo estaba pintado en un llamativo color naranja de seguridad. Con un motor de 700 cc, nunca logró convertirse en un éxito de ventas, pero su diseño extravagante acabó transformándolo en uno de los grandes iconos de la cultura automovilística británica de los años setenta.
El Panther 6 quiso reescribir las reglas de los superdeportivos con una configuración de seis ruedas y un motor biturbo, una idea tan espectacular como compleja. El proyecto pretendía convertirse en el primer exótico de seis ruedas producido en serie, pero los problemas técnicos y la dificultad de llevarlo a producción acabaron con el plan. Solo existen dos prototipos, pero su extrema rareza y su desmesurada ambición fueron suficientes para convertirlo en un auténtico coche de culto.
Malcolm Bricklin presentó el SV-1 como el primer deportivo centrado especialmente en la seguridad. Sus puertas de tipo alas de gaviota, sus paneles acrílicos coloreados y un enorme V8 de 5,9 litros lo diferenciaban de cualquier rival convencional. La empresa fabricó menos de 3.000 unidades antes de declararse en quiebra en 1975, pero los ejemplares que sobrevivieron terminaron ganando un estatus especial entre los coleccionistas.
El Pontiac Aztek vendió alrededor de 119.000 unidades entre 2000 y 2005, pero durante años fue objeto de burlas por sus proporciones extrañas, sus molduras de plástico y su peculiar accesorio de tienda de campaña. Todo cambió cuando una famosa serie de televisión lo convirtió en el coche de uno de sus personajes principales. De repente, el Aztek dejó de ser únicamente un chiste de diseño y comenzó a ser valorado como uno de los modelos más singulares de su época.
Entre 1985 y 1992 se exportaron a Estados Unidos más de 141.000 unidades del Yugo, un pequeño coche yugoslavo equipado con un motor de 1,1 litros y apenas 55 CV. Su calidad de fabricación fue objeto de constantes críticas y su bajo precio era prácticamente su principal argumento de venta. Con el paso del tiempo, precisamente esa combinación de sencillez, rareza y fama de coche problemático lo convirtió en un entrañable icono de culto y en uno de los grandes “perdedores” de la historia del automóvil.
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