El Ford F-150 PowerBoost combina un motor V6 EcoBoost biturbo de 3,5 litros con un motor eléctrico integrado en la transmisión automática de diez velocidades. Esta asistencia eléctrica permite realizar las arrancadas a baja velocidad con menor esfuerzo y mantener el motor térmico apagado durante determinadas situaciones de tráfico, justo cuando un pick-up pesado suele consumir más. Además, su batería puede alimentar un generador integrado capaz de suministrar energía para herramientas y determinados equipos eléctricos, convirtiendo al F-150 PowerBoost en una alternativa especialmente interesante para quienes buscan eficiencia sin renunciar a las capacidades de un pick-up de tamaño completo.
La Ram 1500 apuesta por el sistema eTorque, una tecnología mild hybrid que sustituye el alternador convencional por un motor-generador accionado mediante correa y conectado a una batería de 48 voltios. El sistema recupera energía durante las frenadas y permite realizar los arranques del motor de forma rápida y suave cuando el vehículo se detiene. Su ventaja principal es que la asistencia híbrida está integrada en diferentes configuraciones, sin convertirla en una versión exclusiva, mientras que la transmisión automática de ocho velocidades y otros elementos aerodinámicos ayudan a reducir todavía más el gasto.
El Chevrolet Silverado con motor 3.0 Duramax turbodiésel de seis cilindros en línea representa una de las alternativas más eficientes para recorrer largas distancias con un pick-up grande. El diésel ofrece una elevada densidad energética por litro y genera un importante par motor a bajas revoluciones, permitiendo que el propulsor trabaje relajado cuando el vehículo circula por autopista. Con una transmisión automática de diez velocidades, el Duramax puede mantener velocidades de crucero con un régimen relativamente bajo, una característica especialmente favorable para quienes realizan muchos kilómetros o remolcan cargas con frecuencia.
El GMC Sierra 1500 comparte el motor 3.0 Duramax con el Silverado, pero lo combina habitualmente con acabados y equipamientos de orientación más lujosa. Su turbocompresor de geometría variable, la inyección common rail y el funcionamiento a bajas revoluciones permiten conseguir un consumo contenido para un vehículo de semejante tamaño. A cambio, el motor diésel añade complejidad y exige el uso de líquido de escape diésel, además de que determinadas configuraciones pueden sacrificar algo de capacidad de carga frente a alternativas de gasolina. Para quienes viajan con remolque o recorren grandes distancias, sin embargo, su elevado par puede marcar la diferencia.
La Toyota Tundra i-Force Max demuestra que un pick-up de gran tamaño puede prescindir del tradicional V8 sin renunciar a prestaciones. Su sistema combina un V6 biturbo de 3,4 litros con un motor eléctrico situado entre el propulsor y la transmisión automática de diez velocidades. El motor eléctrico aporta par desde las primeras revoluciones y ayuda a que los turbocompresores no tengan que trabajar tanto durante las arrancadas. Además, la Tundra híbrida no solo mejora la eficiencia, sino que también es la versión más potente de la gama, aunque el peso adicional de la batería limita parte de esa ventaja cuando se circula durante mucho tiempo por autopista.
La Ram 1500 REV fue concebida alrededor de una gran batería con el objetivo de responder a una de las principales críticas de los pick-ups eléctricos: la autonomía cuando se utilizan para trabajar o viajar. Su arquitectura eléctrica permite disponer de un suelo plano, espacio de almacenamiento delantero y un sistema de carga rápida de alta tensión. Sin embargo, una batería de mayor tamaño también significa más peso y un precio superior, además de consumir parte de la capacidad de carga disponible. Para un conductor que pueda cargar el vehículo cada noche, una batería más pequeña puede resultar suficiente, pero quienes necesitan recorrer grandes distancias encuentran en la REV una propuesta más adecuada.
El Ford F-150 Lightning lleva la búsqueda de eficiencia a otro nivel porque elimina completamente el combustible. Sus dos motores eléctricos, uno asociado a cada eje, reciben energía de una batería situada bajo el piso, mientras que la frenada regenerativa recupera parte de la energía que un vehículo convencional desperdicia en forma de calor. En lugar de medir su consumo en litros o galones, su eficiencia se expresa en energía eléctrica utilizada por distancia. Para un propietario que pueda cargar en casa, el Lightning puede ofrecer unos costes de utilización muy inferiores a los de un pick-up de gasolina, aunque el remolque y las cargas pesadas reducen considerablemente su autonomía.
El Chevrolet Silverado EV utiliza la arquitectura de baterías Ultium de General Motors, con un paquete situado entre los ejes y motores eléctricos capaces de impulsar uno o ambos ejes según la configuración. La ausencia de un motor de combustión permite reducir los costes energéticos, una ventaja especialmente importante para flotas que recorren muchos kilómetros y pueden cargar sus vehículos en instalaciones propias. Además, el sistema Midgate permite ampliar el espacio de carga desde la caja hacia el interior del habitáculo, aportando una solución práctica para transportar objetos largos. El principal obstáculo sigue estando en el precio inicial y en la disponibilidad de infraestructura de recarga, dos factores determinantes para convertir su eficiencia eléctrica en un ahorro real.
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