El Jeep Wrangler continúa utilizando una receta que todavía sirve como referencia para muchos rivales: ejes rígidos delantero y trasero, caja de transferencia de dos velocidades y un sistema de tracción total pensado para mantener la capacidad de avance incluso cuando una rueda pierde contacto con el suelo.
Las versiones Rubicon llevan esta filosofía todavía más lejos con bloqueos de diferencial delantero y trasero y una barra estabilizadora delantera desconectable. Esta combinación permite aumentar el recorrido de la suspensión y mantener las ruedas apoyadas al atravesar zonas de rocas, zanjas y superficies muy irregulares.
Además, su construcción relativamente sencilla facilita las reparaciones y modificaciones, algo especialmente valorado por los aficionados al todoterreno que preparan sus propios vehículos para rutas exigentes.
El regreso del Ford Bronco supuso la llegada de un rival concebido específicamente para enfrentarse al Wrangler. Entre sus posibilidades destaca una caja de transferencia de dos velocidades, mientras que determinadas configuraciones pueden incorporar bloqueos de diferencial delantero y trasero y una barra estabilizadora delantera con desconexión electrónica.
El paquete Sasquatch lleva esta preparación un paso más allá al combinar neumáticos de gran diámetro, mayor altura libre al suelo y elementos específicos para circular fuera del asfalto. Sus mejores cotas todoterreno permiten afrontar rocas, surcos y escalones con menos riesgo de golpear los bajos.
En zonas de conducción lenta, esa distancia adicional respecto al suelo resulta especialmente importante. Un obstáculo que parece pequeño puede terminar dañando un paragolpes, una talonera o algún elemento situado bajo el vehículo.
El Toyota 4Runner mantiene una arquitectura de chasis de largueros y carrocería independiente, una configuración especialmente apreciada cuando el vehículo debe enfrentarse con frecuencia a caminos deteriorados. En las versiones TRD Off-Road se suman elementos como el bloqueo electrónico del diferencial trasero y el sistema Crawl Control.
Esta última tecnología permite gestionar automáticamente acelerador y frenos a velocidades muy bajas para que el conductor pueda concentrarse principalmente en elegir la trayectoria. En pendientes, rocas o superficies deslizantes, la electrónica ayuda a mantener un avance constante sin necesidad de realizar continuas correcciones con los pedales.
La construcción sobre bastidor también aporta robustez para un uso intensivo fuera del asfalto. No es casualidad que la 4Runner haya mantenido durante años una identidad mucho más próxima a la de un vehículo todoterreno tradicional que a la de un SUV convencional.
El Land Rover Defender combina una sofisticada suspensión neumática regulable con una de las mayores capacidades de vadeo disponibles en un SUV de producción. Al elevar la carrocería, puede ganar altura libre para atravesar cauces, zonas embarradas y pasos de agua especialmente complicados.
El sistema Terrain Response adapta diferentes parámetros del vehículo a las condiciones del terreno. La gestión electrónica puede modificar la respuesta del acelerador, el control de tracción y el funcionamiento de los diferenciales para mejorar la capacidad de avance sobre superficies como barro, arena, rocas o nieve.
Antes de afrontar un vadeo, elevar la suspensión hasta su posición más alta puede marcar una diferencia importante. En una ruta extrema, contar con mayor altura respecto al agua y a los obstáculos puede evitar que componentes esenciales queden expuestos a golpes o filtraciones.
El Toyota Land Cruiser ha construido buena parte de su reputación en lugares donde la fiabilidad no es simplemente una cuestión de comodidad, sino una necesidad. Desiertos, montañas, caminos remotos y largas rutas sin asistencia han formado parte de su historia durante décadas.
La combinación de reductora, tracción total y diferenciales bloqueables permite avanzar lentamente por terrenos muy rotos sin exigir en exceso al sistema de propulsión. Esa capacidad para mantener el movimiento a velocidades muy bajas ha convertido al Land Cruiser en una herramienta habitual en expediciones, organizaciones humanitarias y trabajos en zonas de difícil acceso.
Su reputación también influye en el mercado de segunda mano. Los ejemplares bien mantenidos conservan un valor elevado porque existe una fuerte demanda de vehículos capaces de seguir funcionando durante muchos años y kilómetros en condiciones exigentes.
El Jeep Gladiator toma buena parte de la filosofía mecánica del Wrangler y la transforma en un pick-up. Comparte elementos fundamentales como la arquitectura de la suspensión delantera, la caja de transferencia y, en determinadas versiones, los bloqueos de diferencial.
Sin embargo, la incorporación de una caja de carga y una batalla más larga introduce una diferencia importante. El mayor recorrido entre los ejes aporta estabilidad y capacidad para transportar material, pero también reduce el ángulo ventral frente a un Wrangler de dos puertas.
Eso significa que puede resultar más sencillo llevar herramientas, equipaje o material de acampada hasta una zona remota, aunque algunos obstáculos especialmente pronunciados exigirán elegir la trayectoria con mayor cuidado para evitar que los bajos entren en contacto con el terreno.
El Suzuki Jimny demuestra que las dimensiones compactas pueden convertirse en una ventaja cuando el terreno se vuelve extremadamente estrecho. Su reducida batalla, su elevada altura libre al suelo, la reductora y su construcción sobre bastidor permiten desenvolverse en lugares donde un SUV mucho más grande tendría dificultades para pasar.
Su reducido tamaño facilita además circular entre árboles, atravesar caminos estrechos y buscar líneas alternativas alrededor de los obstáculos. El bajo peso también resulta beneficioso cuando hay que salir de una zona de barro o utilizar un cabrestante para recuperar el vehículo.
La contrapartida aparece fuera de los caminos. Su habitáculo es pequeño y el confort a velocidades elevadas no es su principal virtud. El Jimny está especialmente pensado para aprovechar sus dimensiones en senderos estrechos y recorridos todoterreno, no para convertirse en un gran SUV de carretera.
El Mercedes-Benz Clase G combina una construcción todoterreno tradicional con un nivel de lujo que pocos vehículos de este segmento pueden igualar. Una de sus características más destacadas es la presencia de tres bloqueos de diferencial, capaces de actuar sobre los ejes delantero, trasero y central.
Su carrocería cuadrada, los reducidos voladizos y las buenas cotas todoterreno también contribuyen a superar obstáculos pronunciados. Esta geometría permite afrontar pendientes y escalones con menos posibilidades de que los extremos de la carrocería entren en contacto con el terreno.
La combinación de capacidades todoterreno auténticas y un habitáculo de lujo explica buena parte de la personalidad del Clase G. Es uno de los pocos SUV capaces de ofrecer equipamiento y acabados propios de un vehículo premium sin renunciar a una arquitectura pensada para abandonar el asfalto.
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