El Jeep Wrangler lleva décadas apostando por una configuración poco habitual entre los SUV modernos: ejes rígidos tanto delante como detrás. Esta arquitectura permite que las dos ruedas de cada eje trabajen sobre una misma estructura, algo especialmente útil cuando el vehículo atraviesa rocas, zanjas profundas o terrenos muy irregulares.
La principal ventaja aparece fuera del asfalto, donde la suspensión puede mantener una buena articulación y ofrecer un comportamiento predecible sobre obstáculos. La contrapartida se aprecia en carretera: más movimientos de la carrocería, mayor transferencia de las irregularidades al habitáculo y una menor sensación de refinamiento frente a un SUV con suspensiones independientes.
El regreso del Ford Bronco recuperó buena parte de la filosofía todoterreno del modelo original, aunque con una diferencia importante: el eje delantero es independiente, mientras que detrás mantiene un eje rígido Dana montado sobre muelles helicoidales.
Esta solución permite conservar una elevada capacidad de articulación en zonas complicadas y trabajar junto con elementos como bloqueos de diferencial y caja de transferencia de dos velocidades en las versiones más orientadas al todoterreno. El resultado es un vehículo capaz de mantener la tracción cuando una de las ruedas traseras cae en una zanja o pierde contacto parcial con el terreno.
El Toyota 4Runner se ha caracterizado históricamente por combinar una construcción de chasis de largueros y carrocería independiente con un eje trasero rígido. Durante buena parte de su trayectoria, esta solución estuvo acompañada por ballestas, una configuración especialmente apreciada por quienes utilizan el vehículo para transportar cargas o circular fuera del asfalto.
Su filosofía siempre ha priorizado la resistencia y la capacidad para enfrentarse a terrenos difíciles antes que el confort propio de un crossover. Eso también explica una de sus principales desventajas: un eje rígido transmite más directamente determinados baches y movimientos al habitáculo que una suspensión trasera independiente.
La Chevrolet Silverado 1500 utiliza una receta clásica entre las pick-ups de tamaño completo: suspensión delantera independiente y eje trasero rígido con ballestas. Esta arquitectura resulta especialmente apropiada para soportar las exigencias asociadas al transporte de cargas y al remolque.
Cuando una pick-up debe arrastrar un remolque pesado, el eje trasero soporta buena parte del esfuerzo adicional generado por la carga. La configuración rígida ofrece una estructura sencilla y resistente, aunque también puede provocar más rebotes del eje sobre superficies muy deterioradas cuando el vehículo circula sin carga.
La Ram 1500 encontró una manera diferente de conservar las ventajas de un eje trasero rígido sin recurrir a las tradicionales ballestas. La marca apostó por muelles helicoidales y un sistema de brazos múltiples, una solución que busca mejorar el confort sin renunciar a la resistencia necesaria en una pick-up.
Esta configuración ayuda a que la Ram se comporte de una forma más cercana a un SUV cuando circula sobre carreteras deterioradas. Sin embargo, debajo de la carrocería continúa existiendo un eje trasero rígido, capaz de soportar las exigencias asociadas a la carga y al trabajo pesado.
La Ford F-150 ha mantenido durante generaciones una configuración basada en suspensión delantera independiente y eje trasero rígido con ballestas. Aunque la pick-up ha cambiado radicalmente en materiales, motores, tecnología y equipamiento, esta arquitectura continúa siendo fundamental para sus versiones de trabajo.
Su atractivo está en la combinación de resistencia, sencillez mecánica y facilidad de mantenimiento. Para flotas, profesionales y usuarios que utilizan la camioneta para remolcar o transportar cargas, disponer de una solución mecánica conocida también facilita las reparaciones y el acceso a piezas.
El Jeep Gladiator toma buena parte de la filosofía mecánica del Wrangler y la traslada al formato de una pick-up. Su característica más importante en este apartado es la presencia de ejes rígidos delante y detrás, una solución que contribuye a mantener una gran capacidad de articulación fuera del asfalto.
La mayor distancia entre ejes respecto al Wrangler mejora la estabilidad y aporta espacio para la caja de carga, aunque también modifica su comportamiento cuando el terreno se vuelve extremadamente complicado. Aun así, el Gladiator conserva una de sus principales virtudes: la capacidad para mantener las ruedas en contacto con el terreno cuando otros vehículos empiezan a perder tracción.
La Toyota Tacoma ha mantenido durante generaciones un eje trasero rígido como parte de su identidad mecánica. La configuración de la suspensión trasera ha evolucionado con el tiempo y depende de la versión, pero la apuesta por un eje vivo continúa siendo especialmente relevante en las variantes destinadas al uso todoterreno.
La ventaja principal está en su capacidad para soportar cargas, remolques y recorridos sobre superficies muy irregulares. En las versiones más especializadas, Toyota combina esta arquitectura con una puesta a punto específica de la suspensión y diferentes sistemas de control de tracción para aumentar las posibilidades fuera del asfalto.
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