El Nissan Ariya intenta ser futurista, pero termina pareciendo genérico. El frente tan liso y la parrilla casi inexistente le dan un aire de gadget más que de auto. Para una marca que se animó al Juke, resulta demasiado conservador.
El suv eléctrico de Volkswagen es correcto en todo… y memorable en nada. Proporciones aceptables, detalles aceptables, pero cero carácter. Es el equivalente automotriz a una pared beige.
Chevrolet revivió el nombre Blazer con un diseño que intenta ser agresivo, pero se siente forzado. El frente luce exagerado y parece diseñado más para el configurador online que para verse bien en la calle.
El sedán eléctrico de Hyundai divide opiniones. Para mí, parece una barra de jabón demasiado redondeada. La idea streamliner era interesante, pero el resultado se ve apretado y raro.
Usar el nombre Mustang ya generó polémica, y el diseño no ayuda demasiado. El crossover eléctrico de Ford tiene una silueta que no termina de cerrar y parece un hatch alto intentando ser deportivo.
Mazda suele destacar en diseño, por eso decepciona más el MX-30. Las puertas traseras tipo RX-8 son curiosas, pero el conjunto luce apagado, como un concept suavizado hasta perder personalidad.
El eléctrico de Subaru —primo del bZ4X de Toyota— apuesta por líneas geométricas y mucho plástico. El resultado se ve recargado y poco elegante, como si quisieran parecer tecnológicos a la fuerza.
El suv eléctrico de Genesis parte de una base atractiva, pero al cerrar la parrilla para la versión eléctrica el frente queda raro, como incompleto. Parece una adaptación más que un diseño pensado desde cero.
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