El RX-8 debía continuar el legado del RX-7, pero su motor rotativo generó más dolores de cabeza que alegrías. Consumo elevado, desgaste prematuro y reparaciones costosas hicieron que muchos propietarios se sintieran frustrados con un coche que prometía deportividad y terminó siendo caro de mantener.
Los primeros Q50 no cumplieron las expectativas de una berlina premium. Fallos en la transmisión, problemas de software y varias campañas de recall dañaron su reputación, dejando a muchos usuarios con la sensación de que Infiniti lanzó el modelo demasiado pronto al mercado.
Las primeras generaciones de la Titan recibieron críticas por calidad de construcción y problemas en los frenos. En un segmento dominado por rivales muy robustos, muchos conductores consideraron que la pick-up de Nissan no estaba a la altura en durabilidad ni en confianza.
Aunque suele ser una referencia familiar, las Odyssey de 2007 y 2008 sufrieron fallos serios de transmisión. Los reemplazos completos en vehículos relativamente nuevos generaron decepción entre compradores que buscaban fiabilidad y terminaron enfrentando gastos inesperados.
El mayor SUV de Subaru debutó con numerosos problemas. Conductores reportaron fallos en la transmisión CVT, el sistema eléctrico y el infoentretenimiento, lo que afectó la confianza inicial en un modelo que debía consolidar la expansión de Subaru en el segmento familiar.
Las generaciones entre 2007 y 2015 quedaron marcadas por problemas con la transmisión CVT. Aunque el sistema mejoró con el tiempo, muchos propietarios experimentaron tirones, desgaste prematuro y reparaciones caras, lo que dañó la reputación del modelo en el mercado usado.
El Rogue sufrió fallos similares al Altima, principalmente relacionados con la transmisión. Aunque hoy es un SUV popular, las primeras versiones generaron desconfianza entre conductores que esperaban mayor robustez mecánica.
El iQ no tenía grandes defectos mecánicos, pero nunca convenció a los conductores. Su tamaño extremadamente reducido, suspensión dura y escasa practicidad hicieron que muchos lo vieran más como experimento urbano que como coche realmente útil.
Mecánicamente fiable, el FJ Cruiser fue criticado por su visibilidad. Los enormes puntos ciegos y las ventanillas pequeñas dificultaban la conducción diaria, generando dudas de seguridad y comodidad incluso entre fans de Toyota.