El Honda Accord con motor 2.4 litros es un ejemplo clásico de durabilidad. Mecánica sencilla, mantenimiento accesible y una vida útil que supera sin problemas los 300.000 km si se cuida.
El Honda Civic de esta generación es casi indestructible. Ligero, eficiente y con motores que toleran uso intensivo sin quejarse.
El Honda CR-V de segunda generación en sus últimos años es uno de los más confiables. Ideal para uso diario sin sorpresas mecánicas.
El Honda Fit sorprende por su resistencia. Bajo coste operativo y una durabilidad superior a lo que su tamaño sugiere.
El Honda Pilot destaca por espacio y robustez. Bien mantenido, sigue siendo una opción sólida para familias a largo plazo.
La Honda Odyssey en estos años representa su mejor momento. Cómoda, práctica y capaz de acumular kilómetros sin fallos graves.
El Honda Element es peculiar, pero extremadamente resistente. Diseñado para uso intensivo, soporta trato duro mejor que la mayoría.
El Honda Prelude demuestra que Honda también sabía hacer deportivos duraderos. Ingeniería sólida y buena fiabilidad a largo plazo.
La Honda Ridgeline rompe el molde de las pick-up tradicionales, pero ofrece una durabilidad muy consistente y un uso sin complicaciones.
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