Chrysler es probablemente uno de los ejemplos más claros de cómo una marca puede perder protagonismo sin desaparecer oficialmente. Hace no tantos años ofrecía berlinas, descapotables y diferentes vehículos familiares, pero actualmente su catálogo está prácticamente concentrado en el monovolumen Pacifica. Sus ventas en Estados Unidos incluso aumentaron ligeramente en 2025, por lo que no puede hablarse de un desplome absoluto, pero la falta de variedad dificulta recuperar la relevancia que tuvo en el pasado. Stellantis prepara nuevos productos para reconstruir la gama, aunque hasta que lleguen a los concesionarios y consigan conquistar compradores, el histórico emblema estadounidense seguirá muy lejos de su antigua posición.
El regreso de Fiat al mercado estadounidense durante la década de 2010 generó grandes expectativas, pero la presencia de la marca se ha reducido considerablemente desde entonces. El 500e terminó convirtiéndose prácticamente en su única propuesta convencional nueva en Estados Unidos y durante 2025 Fiat vendió solo 1.321 unidades, un 14% menos que en 2024. La situación es muy diferente en otros mercados, donde la marca italiana continúa teniendo una presencia importante, por lo que no se trata de una desaparición global. Sin embargo, su intento de convertirse nuevamente en un actor relevante en Estados Unidos ha perdido prácticamente todo el impulso que tuvo en sus primeros años.
Alfa Romeo conserva una de las historias más atractivas de la industria europea, además de diseños diferenciados y una reputación deportiva construida durante décadas. El problema es que esos argumentos no se han transformado en un crecimiento comercial estable en Estados Unidos. Sus entregas estadounidenses cayeron un 36% en 2025 hasta apenas 5.652 unidades, y el comienzo de 2026 tampoco ha conseguido cambiar la tendencia. Los retrasos en los sustitutos del Giulia y el Stelvio complican todavía más el panorama, ya que Alfa necesita productos nuevos para competir contra fabricantes premium con gamas mucho más amplias y una presencia considerablemente mayor.
Durante décadas, Dodge construyó una identidad alrededor de los motores de gran cilindrada, el rendimiento accesible y modelos como el Charger y el Challenger. La transición hacia una nueva generación de vehículos, sin embargo, está siendo complicada. Las ventas de la marca en Estados Unidos descendieron un 28% durante 2025 y el Durango representa ahora una parte enorme de sus entregas. Las versiones de gasolina del nuevo Charger podrían ayudar a recuperar a algunos clientes que no estaban convencidos por la electrificación, pero Dodge tiene actualmente menos modelos importantes y cada uno debe soportar una mayor parte de la responsabilidad comercial.
El prestigio de Maserati ya no garantiza que los compradores de lujo elijan automáticamente sus modelos. Durante 2025, las ventas globales de la marca cayeron considerablemente y Stellantis tuvo que registrar importantes deterioros relacionados con el valor de sus operaciones. El grupo también ha planteado nuevos esfuerzos para reforzar la gama y devolver competitividad al fabricante italiano. Maserati no está siendo abandonada, pero las sucesivas reorganizaciones y la debilidad de la demanda dejan claro que necesita una recuperación sólida y duradera, no simplemente otro repunte temporal que vuelva a desaparecer unos meses después.
Lancia pasó años dependiendo prácticamente de un único modelo envejecido en Italia hasta que Stellantis inició un ambicioso proceso de recuperación internacional con el nuevo Ypsilon. Sin embargo, las matriculaciones de Lancia en la Unión Europea, EFTA y Reino Unido se desplomaron durante 2025, mientras las cifras combinadas con Chrysler quedaron por debajo de 12.000 unidades. La compañía tiene previsto ampliar su oferta con nuevos modelos, pero el desafío será conseguir que la nueva generación de productos genere rápidamente una base de clientes suficiente. El renacimiento de Lancia todavía puede funcionar, aunque necesita demostrarlo con ventas.
DS nació tras separarse de Citroën con la intención de convertirse en una marca premium francesa capaz de plantar cara a fabricantes de lujo consolidados. Sin embargo, conseguir reconocimiento internacional ha resultado mucho más difícil de lo esperado. La demanda europea cayó más de un 20% en 2025, aumentando la presión sobre modelos recientes como el DS No8 para recuperar el interés de los compradores. Stellantis continúa considerando que DS tiene un papel dentro de su estrategia, aunque una gestión cada vez más estrechamente relacionada con Citroën refleja las dificultades de construir una marca premium independiente con suficiente volumen.
La fórmula original de Abarth era sencilla y efectiva: tomar un pequeño Fiat y convertirlo en un coche más rápido, divertido y atractivo para los aficionados. La transición hacia modelos eléctricos de altas prestaciones, sin embargo, no está generando el volumen esperado. Las matriculaciones de los 500e y 600e se mantuvieron en niveles modestos durante 2025 y 2026 en Europa. Si los próximos productos no consiguen atraer a un público más amplio, Abarth corre el riesgo de convertirse en una marca extremadamente especializada, muy alejada de la relevancia que llegó a tener entre los aficionados a los pequeños deportivos.
Jaguar se encuentra ante una de las transformaciones más radicales de toda la industria. La marca prácticamente retiró su antigua gama antes de tener preparada su nueva generación, creando un periodo inusual en el que uno de los nombres británicos más conocidos tiene muy pocos productos disponibles. Su futuro estará centrado en vehículos eléctricos de lujo considerablemente más caros, y los pedidos del primer modelo de la nueva generación no están previstos hasta 2027. La estrategia podría devolverle exclusividad y diferenciarla de sus rivales, pero también obliga a Jaguar a convencer de nuevo a los compradores después de una interrupción especialmente larga.
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