El BMW i7 es el vehículo que más valor pierde dentro de esta clasificación. Un estudio sobre depreciación señala que después de cinco años conserva aproximadamente el 26% de su precio original, lo que supone una pérdida cercana a tres cuartas partes de su valor inicial. Su elevado precio de partida y la enorme cantidad de tecnología embarcada hacen que los compradores de segunda mano sean mucho más sensibles a su antigüedad.
El BMW Serie 7 demuestra que la fuerte depreciación no afecta únicamente a los coches eléctricos. La berlina de representación aparece junto al i7 entre los modelos con mayor pérdida de valor a cinco años. Una elevada presencia de unidades procedentes de contratos de leasing contribuye a aumentar la oferta de vehículos usados con pocos kilómetros, ejerciendo presión sobre sus precios.
El Nissan Leaf se encuentra entre los eléctricos que más valor han perdido en el mercado de ocasión. En sus generaciones anteriores, la degradación de la batería y la pérdida de autonomía con el paso de los años se convierten en factores importantes para los compradores. La incertidumbre sobre la capacidad restante de la batería y el coste de sustituirla puede presionar a la baja el precio de las unidades usadas.
El Jaguar I-Pace también figura entre los eléctricos de lujo que pierden valor con mayor rapidez. Su reducido volumen de ventas y una red de servicio más pequeña que la de algunos de sus rivales pueden limitar el número de compradores interesados en una unidad usada. El resultado es un coche que puede encontrarse en el mercado de ocasión con un descuento importante respecto a su precio original.
El Maserati Ghibli demuestra que tener una marca exclusiva no garantiza conservar el valor. El sedán italiano aparece entre los modelos con una depreciación especialmente elevada en los estudios de retención de valor. Su reducido volumen de producción y un público de segunda mano más pequeño dificultan mantener precios elevados cuando las unidades comienzan a acumular años y kilómetros.
El Audi A6 puede convertirse en una alternativa de lujo mucho más asequible después de varios años. Como sucede con otras berlinas premium alemanas, el equipamiento tecnológico y los materiales sofisticados elevan su precio cuando es nuevo, pero esos elementos pierden parte de su valor en el mercado de ocasión. Además, el mantenimiento de sistemas electrónicos, suspensión y otros componentes puede ser costoso cuando el vehículo envejece.
El BMW Serie 5 también sufre una depreciación importante, en parte por la elevada cantidad de unidades que llegan al mercado de ocasión procedentes del leasing. Muchos vehículos regresan a los concesionarios con pocos kilómetros después de finalizar sus contratos, aumentando la oferta de ejemplares similares. Para el comprador de segunda mano, esta situación puede traducirse en acceso a mucho equipamiento por una cantidad considerablemente inferior a la original.
El Mercedes-Benz Clase S puede perder una parte considerable de su valor después de solo unos años. La berlina de representación incorpora tecnologías avanzadas, suspensión sofisticada y numerosos sistemas electrónicos, elementos que pueden generar preocupación entre los compradores cuando termina la garantía. Esa percepción de posibles costes elevados de mantenimiento contribuye a reducir lo que el mercado está dispuesto a pagar por ejemplares usados.
El Porsche Taycan aparece entre los vehículos eléctricos de altas prestaciones con una depreciación más pronunciada. La rápida evolución de la tecnología eléctrica, especialmente en autonomía y velocidad de carga, hace que las generaciones anteriores pierdan atractivo frente a modelos más recientes. Para quien busca un deportivo eléctrico usado, esa depreciación puede reducir considerablemente el precio de entrada respecto al que tenía cuando era nuevo.
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